30 de septiembre | Ser Semejante a Jesús | Elena G. de White | Cada miembro debe ayudar a extender el Evangelio

Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. Juan 8:12.

Los que siguen a Jesús serán colaboradores juntamente con Dios. No caminarán en tinieblas, sino que hallarán la verdadera senda donde Jesús, la Luz del mundo, encabeza la marcha; y a medida que orienten sus pasos hacia Sion, avanzando por fe, obtendrán una brillante experiencia en las cosas de Dios. La misión de Cristo, tan oscuramente comprendida, tan débilmente interpretada, que lo llamó del trono al misterio del altar de la cruz del Calvario, se descubrirá más y más a la mente, y se verá que en el sacrificio de Cristo se halla el manantial y el principio de toda otra misión de amor. El amor de Cristo es el que ha sido el incentivo de cada verdadero misionero en las ciudades, los pueblos, las carreteras y los caminos del mundo.
La iglesia de Cristo sobre la tierra fue organizada con propósitos misioneros, y es de la mayor importancia que cada miembro individual de la iglesia sea un obrero sincero junto con Dios, lleno del Espíritu, teniendo la mente de Cristo, perfeccionado en simpatía con Cristo, y por lo tanto, concentrando cada energía de acuerdo con la habilidad que le fue confiada para la salvación de las almas. Cristo requiere que cada uno que sea llamado por su nombre, haga de su obra la primera y más alta consideración, y que coopere desinteresadamente con las inteligencias celestiales al salvar a los que perecen por los cuales murió Cristo.
Hacer mal uso de los medios o la influencia, o de cualquier capital de la mente o del cuerpo que nos ha sido confiado, es robar a Dios y robar al mundo; porque es cambiar las energías a otro canal que aquel en el que Dios planeó que debieran avanzar para la salvación del mundo. Cuando Cristo estuvo sobre la tierra, envió a sus discípulos a proclamar el reino de Dios por toda Judea, y en este ejemplo reveló claramente que es el deber de su pueblo, durante todo el tiempo, impartir a otros el conocimiento que tienen del camino, la vida y la verdad. En todos sus trabajos, Jesús procuró instruir a su iglesia para la obra misionera, y al aumentar la cantidad de los creyentes, se extendería su misión, hasta que finalmente el mensaje del evangelio, circundaría el mundo mediante sus servicios.—The Review and Herald, 30 de octubre de 1894.

DEVOCIONAL ADVENTISTA
SER SEMEJANTE A JESÚS
Elena G. de White

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