Viernes 2 de octubre del 2026 | Devoción Matutina para Damas 2026 | Luz para tus Pasos

«Pues me has rescatado de la muerte; no permitiste que mis pies resbalaran. Así que ahora puedo caminar en la presencia de Dios, en la luz que da vida». (Salmo 56:13, NTV)

Después de varias semanas en cama tras una cirugía delicada, Marta sintió que las fuerzas le fallaban la mañana en que debía ponerse de pie por primera vez. Aunque el médico le aseguraba una buena recuperación, las piernas le temblaban y la sola idea de caer al dar el primer paso la detenía en seco. Su esposo se acercó con paciencia, le ofreció su brazo firme y le animó a mirar hacia la ventana iluminada por el sol, sin bajar la vista al suelo. Apoyándose despacio, comprobó que el cuerpo respondía y que la luz de la mañana le devolvía la confianza que la enfermedad le había quitado.
David conoció de cerca esa fragilidad cuando compuso el Salmo 56 durante su huida por tierras extranjeras. Buscando refugio en la ciudad filistea de Gat, pronto se vio rodeado por hombres armados que vigilaban cada uno de sus movimientos. Al verse descubierto y en peligro inminente, el salmista se negó a que la angustia lo paralizara; decidió anclar su confianza en las promesas del Altísimo: «Cuando siento miedo, pongo en ti mi confianza. Confío en Dios y alabo su palabra» (Salmo 56:3-4, NVI). En medio del cerco más estrecho, descubrió que Dios sostiene el andar de quien decide apoyarse en su auxilio.
Jesús confirmó esa seguridad para nuestro caminar diario mediante una promesa que disipa la incertidumbre: «Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida» (Juan 8:12, NVI). El Salvador no nos promete una senda libre de dificultades, pero sí garantiza que su compañía constante alumbra cada tramo del camino. Cuando el cansancio o el dolor físico amenazan con hacerte tropezar, Cristo te sostiene con paciencia y te guía hacia terreno firme. Elena G. de White resalta la ternura con que Dios atiende nuestra debilidad:
«Presenta a Dios tus necesidades, tristezas, gozos, cuidados y temores. No puedes sobrecargarlo ni cansarlo […]. Su corazón compasivo se conmueve ante nuestras tristezas y aun ante nuestra expresión de ellas» (El camino a Cristo, p. 100).
Atravesar días en que el cuerpo no responde como antes o cuando una noticia sobre tu salud despierta temores puede hacerte sentir que el suelo tiembla bajo tus pies. Sin embargo, Dios conoce cada momento de fragilidad que has vivido en silencio y sabe cuánta fuerza necesitas hoy. En lugar de desgastarte pensando en el mañana, apóyate en el Señor paso a paso; su gracia y su cercanía bastan para sostenerte en pie.
¿Decidirás hoy apoyar tus pasos temblorosos en la guía de Jesús, confiando en que Él sostiene tu vida?

Oración:
Señor Jesús, gracias porque conoces mis temores y nunca eres indiferente a lo que siento. A veces el desgaste del cuerpo o la incertidumbre por la salud me hacen sentir débil y con miedo a caer, pero elijo confiar plenamente en ti. Ilumina mi andar en este día, renueva mis fuerzas y enséñame a caminar en paz bajo tu cuidado, en el nombre de Jesús, Amén.
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