3 de octubre | Devocional: Alza tus ojos | Procuren la sabiduría divina, no la humana

Y cualquiera cosa que pidiéramos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él. 1 Juan 3:22.

Durante mucho tiempo he visto el peligro que se estaba introduciendo en nuestras filas con la tendencia a buscar la sabiduría humana y depender de la conducción humana. Esto siempre será una trampa para las almas, y se me mandó levantar la señal de peligro, advirtiendo a mis hermanos obreros de esto, y señalándoles al Señor Jesús. El hombre o la mujer que se apoya en la sabiduría humana, se apoya en una caña quebrada.

Fui instruida para señalar el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo a los que tienen necesidad de sabiduría… “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor. El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos… Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman”. Santiago 1:5-8, 12. “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá”. Mateo 7:7, 8…

El obrero nunca debería alentar a alguien que tenga necesidad de instrucción y ayuda a recurrir primero a agentes humanos para entender su deber… Es una equivocación enseñar a nuestro pueblo a confiar en el auxilio humano en vez de recurrir al Señor en oración. El enemigo de las almas ha sido el instigador de ello, para que las mentes se entenebrezcan… Los que tienen responsabilidades en la obra han de cooperar con los ángeles celestiales enseñándoles a los hombres y mujeres a mirar a Dios como la fuente de su fortaleza…

Conságrese al Señor Jesucristo. Busque a Aquel que comprende todas sus debilidades, y quien nunca comete errores. El puede impartirle su abundante gracia. Contemple a Jesús, estudiando su Palabra, aprenda a humillar su alma delante de Dios y a luchar en oración con El…

Cristo siempre manifestó una amabilidad celestial en el trato con las almas humanas. Su vida fue una vida de abnegación y renunciamiento. Quienes sean contados entre los vencedores serán quienes hayan practicado las virtudes de Cristo.—Carta 324, del 3 de  octubre de 1907, dirigida a un administrador de iglesia.

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DEVOCIONAL: ALZA TUS OJOS

Elena G. de White

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