18 de octubre del 2026 | Devoción Matutina para Damas 2026 | Su gloria llena la tierra

«Bendito sea su nombre glorioso para siempre, y toda la tierra sea llena de su gloria. Amén y Amén». Salmo 72:19 (RVR1960)

El Salmo 72 concluye con una oración profunda por el reinado de Dios, describiendo un mundo restaurado donde prevalecen la justicia, la compasión y la paz. En el versículo diecinueve, David eleva su voz para expresar un anhelo que nace del alma: «Bendito sea su nombre glorioso para siempre, y toda la tierra sea llena de su gloria. Amén y Amén». Esta declaración no surge por simple costumbre. Brota de la certeza de quien comprende que el amor divino no se limita a las cuatro paredes de un templo, sino que está destinado a alcanzar cada rincón del mundo. Cuando logramos dimensionar la grandeza del Creador, nuestras dificultades personales dejan de parecer gigantescas. Saber que nos encontramos bajo su cuidado amoroso nos devuelve la calma, disipa nuestros temores y nos permite respirar con verdadera tranquilidad en todo momento.
En la vida cotidiana resulta fácil dejar que las preocupaciones ganen terreno. Las tareas del hogar, el trabajo, el cansancio acumulado o las noticias complejas suelen pesar sobre el ánimo. Sin embargo, recordar que la presencia de Dios abraza todo el planeta transforma de raíz la manera en que enfrentamos los desafíos diarios. Su majestuosidad no solo se aprecia en los grandes acontecimientos de la historia, sino también en los detalles sencillos: en la templanza para no perder la paciencia, en las palabras amables que ofrecemos a tiempo o en la quietud que llega al descansar por la noche. El apóstol Pedro confirma esta esperanza firme que sostiene nuestra marcha: «Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia» (2 Pedro 3:13). Comprender que el Señor sostiene el futuro nos llena de ánimo renovado para avanzar con fe, firmeza y sin temor.
Elena G. White nos invita a valorar esta perspectiva espiritual cuando escribe: «A través de las sombras de la tierra, la fe ve la luz del amor celestial, y se regocija en la victoria final que aguarda a los redimidos» (El conflicto de los siglos, p. 650). Confiar en el Creador no implica ignorar las dificultades reales, sino reconocer que jamás las enfrentamos en soledad. Cuando una mujer decide actuar con bondad, paciencia y generosidad en medio de sus responsabilidades cotidianas, refleja el carácter de Cristo de forma concreta ante sus seres queridos. De ese modo, la conducta diaria se convierte en un testimonio silencioso que transmite fe, fortaleza y consuelo profundo, inspirando con esperanza la vida de toda la familia.
Reconocer la soberanía de Dios renueva nuestras fuerzas para vivir el presente con plenitud. ¿Te animas hoy a depositar tus cargas en sus manos y contagiar esa misma certeza a todas las personas que te rodean?

Oración:
Amado Dios, te doy gracias por tu infinita grandeza y por tu amor incondicional que jamás me abandona. Hoy entrego en tus manos mi vida, mi hogar y a mis seres queridos para que tu luz nos proteja. Ayúdame a cultivar la paz en mi corazón, a confiar plenamente en tu sabia guía y a reflejar tu carácter amoroso en todo lugar. En el nombre de Jesús, Amén.
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DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2026



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