16 de octubre del 2026 | Devoción Matutina para Jóvenes 2026 | Un clamor en la urgencia

«Apresúrate, oh Dios, a rescatarme; ¡apresúrate, Señor, a socorrerme!» — Salmos 70:1 (NVI)

Lucía miraba la pantalla inmóvil en la guardia del hospital donde hacía sus prácticas. Faltaban apenas quince minutos para entregar el informe clínico de un paciente delicado, pero el sistema acababa de cerrarse de golpe por segunda vez, borrando las notas que había tomado. A su alrededor todo se movía deprisa: teléfonos sonando sin pausa, camillas entrando por el pasillo y el médico a cargo esperando el documento para definir el tratamiento. Con las manos frías y los minutos contados, sintió que la ansiedad empezaba a bloquearla. En lugar de quedarse paralizada, cerró los ojos apenas un segundo e hizo una oración breve en silencio, pidiéndole al Señor que la sacara de ese aprieto. Hay momentos en que no tenemos tiempo de buscar un lugar a solas ni de pensar bien qué decir; una oración sincera de dos segundos basta para poner la urgencia en manos de Dios.
David escribió este salmo en un momento de peligro extremo, cuando sentía que sus enemigos estaban a punto de alcanzarlo: «¡Que sean avergonzados y confundidos los que buscan quitarme la vida!» (Salmos 70:2, NVI). Lejos de disimular su angustia o esperar a tener las cosas bajo control, reconoció con franqueza que no podía seguir solo: «Y a mí, que estoy pobre y menesteroso, ¡apresúrate, oh Dios, a venir a mí! Tú eres mi ayuda y mi libertador; ¡Señor, no te tardes!» (Salmos 70:5, NVI). La Biblia nos muestra que a Dios no le incomodan las súplicas urgentes cuando sentimos que no damos más. Pedir auxilio de inmediato no demuestra falta de carácter; es la prueba más clara de que dejamos de confiar en nuestras solas capacidades para apoyarnos en la fidelidad divina.
Aprender a orar en los momentos de mayor tensión cambia por completo nuestra respuesta frente a las crisis. Cuando te acostumbras a elevar esas oraciones rápidas y sinceras en medio del apuro, una calma profunda aquieta los pensamientos y te devuelve la lucidez para actuar con sensatez ante cualquier problema.
Elena G. de White describe la prontitud con la que Dios atiende el clamor de sus hijos:
«La oración ferviente y sincera es escuchada en el cielo. Cuando la mente humana se halla en perplejidad, Dios puede abrir el camino» (Testimonios para la iglesia, tomo 5, p. 182).
Tener la certeza de que el Señor no nos deja solos en los momentos críticos nos llena de descanso, convencidos de que su auxilio llega en el instante exacto para sostenernos.

Llamado a la acción
¿Estás enfrentando hoy un imprevisto que te tiene contra reloj o sientes que las exigencias te desbordan? No intentes resolverlo todo con tus propias fuerzas; dile a Dios lo que te pasa en una oración breve y confía en su respuesta.
El Dios que sostiene el universo nunca llega tarde cuando clamas por auxilio.

Oración:
Padre celestial, hoy acudo a ti en medio de las presiones y las dificultades que no puedo resolver solo. Acompáñame en los momentos de mayor tensión, aclara mis pensamientos y dame serenidad para actuar con sabiduría. En el nombre de Jesús, Amén.
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DEVOCIÓN MATUTINA PARA JÓVENES 2026



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