16 de octubre del 2026 | Devoción Matutina para Adultos 2026 | Gozo en la Salvación

«Gócense y alégrense en ti todos los que te buscan, y digan siempre los que aman tu salvación: Engrandecido sea Dios». Salmo 70:4 (RV1960)

El Salmo 70 nos muestra al rey David atravesando un momento de profundo apuro y presión. En apenas cinco versículos, el salmista clama pidiendo ayuda urgente porque enfrenta a enemigos declarados que buscan destruirlo y disfrutan de su mal (Sal. 70:1-2). David no oculta el dolor ni la inquietud que oprimían su corazón. Sin embargo, lo más hermoso de su oración es que no se queda encerrado en su propio sufrimiento ni se limita a solicitar amparo para sí mismo. En medio de la prisa por ser librado, su mirada se ensancha con generosidad espiritual y desea que el pueblo entero comparta su confianza, celebrando juntos la gran bondad de Dios (Sal. 70:4).
Esta respuesta del salmista contiene una valiosa lección para nuestra experiencia espiritual diaria. Cuando las tribulaciones se acumulan y los problemas amenazan con abrumarnos, lo más habitual es pensar únicamente en salir del paso o en resolver la dificultad inmediata. Sin embargo, las Sagradas Escrituras nos enseñan que las pruebas también representan una oportunidad sagrada para que el carácter de Dios sea honrado ante los demás. Buscar al Señor no debe ser un simple trámite para calmar la conciencia o una vía de escape en medio de la tormenta, sino el camino diario para encontrar una paz firme, la cual permanece inamovible aunque el entorno se vuelva incierto.
El versículo central nos deja una invitación sumamente directa y reconfortante: «Gócense y alégrense en ti todos los que te buscan, y digan siempre los que aman tu salvación: Engrandecido sea Dios». La alegría genuina que el Padre celestial otorga a sus hijos no depende de tener un día perfecto o libre de aflicción, sino de saber que él gobierna con sabiduría sobre cada detalle. Quienes de verdad confían en la redención divina no pasan el tiempo hablando únicamente de sus tristezas o de la pesadez de sus cargas, sino recordando con gratitud lo grande y fiel que es Dios para sostenerlos en todo momento.
El apóstol Pablo nos transmite una enseñanza muy semejante cuando escribe en Filipenses 4:4: «Gozaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Gozaos!». Mantener la confianza en el Señor cuando atravesamos días difíciles convierte nuestra oración humilde en un testimonio silencioso pero profundamente inspirador. Quienes nos observan logran notar que nuestro refugio verdadero no descansa en las seguridades terrenales, sino en los brazos amorosos de nuestro Padre celestial.
Elena G. de White lo expresa con singular sencillez y profundidad espiritual al señalar que «cuando el amor de Cristo se abriga en el alma, trae consigo una paz y un gozo benditos que ninguna prueba terrenal puede destruir; el corazón que ama a Dios se deleita en exaltar su nombre en todo tiempo» (El camino a Cristo, p. 115).
Acerquémonos hoy al Señor con sincera humillación, permitiendo que la alegría de su salvación renueve nuestras fuerzas en cada jornada.

Oración:
Padre celestial, te pedimos que llenes nuestro corazón con la alegría inamovible de tu salvación. En medio de cualquier prueba o necesidad, enséñanos a buscarte con sinceridad y a proclamar siempre tu grandeza. En el nombre de Jesús, Amén.
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DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2026



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