17 de octubre del 2026 | Devoción Matutina para Adultos 2026 | Fidelidad en la Vejez

«Aun en la vejez y las canas, oh Dios, no me desampares, hasta que anuncie tu poder a la posteridad, y tu potencia a todos los que han de venir». Salmo 71:18 (RV1960)

El Salmo 71 es el testimonio maduro de un siervo que ha recorrido un largo camino de fe junto al Señor. A lo largo del poema, el salmista mira hacia el pasado para recordar cómo la mano de Dios lo sostuvo desde su juventud y fue su apoyo constante en cada etapa de la vida (Sal. 71:5-6). Sin embargo, al contemplar el avance de los años y el desgaste natural de las fuerzas, el creyente no se deja llevar por el temor ni por la tristeza. En lugar de lamentar la debilidad presente o encerrarse en las dolencias físicas, el poema transforma los años maduros en un espacio oportuno para proclamar las maravillas divinas a las nuevas generaciones (Sal. 71:15-17).
Esta actitud del salmista nos ofrece una reflexión profunda sobre el propósito de Dios para cada etapa de nuestra existencia. Con frecuencia, la sociedad actual valora a las personas solo por su capacidad de producción o por su vigor físico, dejando de lado a quienes han llegado a la madurez de los años. Sin embargo, en el plan divino, la ancianidad no es un tiempo de inutilidad o desuso espiritual, sino la etapa idónea para transmitir la sabiduría acumulada a los más jóvenes. Las canas representan una corona de honra cuando han sido moldeadas por la fidelidad del Creador y se convierten en una guía para quienes inician su caminar.
Por este motivo, el versículo clave eleva una oración llena de nobleza y sentido de misión: «Aun en la vejez y las canas, oh Dios, no me desampares, hasta que anuncie tu poder a la posteridad, y tu potencia a todos los que han de venir». El salmista no pide una ancianidad tranquila por mero bienestar personal, sino que solicita que la presencia de Dios lo acompañe para cumplir una tarea esencial: dejar un testimonio claro de la bondad divina a los jóvenes y a las familias que continuarán la obra de Dios.
Las Sagradas Escrituras confirman este deber de transmitir la fe de generación en generación al exhortarnos en el Salmo 145:4: «Generación a generación celebrará tus obras, y anunciará tus poderosos hechos». Compartir con sencillez las respuestas a la oración y los cuidados de Dios fortalece la confianza de los más jóvenes frente a las pruebas de la vida.
Elena G. de White destaca el valor inestimable de este legado espiritual al escribir que «los ancianos que han caminado con Dios tienen una experiencia rica y valiosa que debe ser una bendición para la juventud; sus testimonios de la fidelidad de Dios son de un valor incalculable para fortalecer la fe de la iglesia» (La educación, p. 240).
Rindamos hoy nuestra vida al Señor, anhelando ser instrumentos útiles que transmitan la gloria de su nombre a quienes vienen detrás.

Oración:
Padre celestial, te agradecemos por tu fidelidad a lo largo de todos nuestros días. Concédenos la gracia y la sabiduría para anunciar tus maravillas a las nuevas generaciones, dejando un testimonio vivo de tu amor. En el nombre de Jesús, Amén.

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DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2026



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