8 de enero | Devocional: Alza tus ojos | Las condiciones para el derramamiento del Espíritu Santo

«Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mi y yo en él, este lleva mucho fruto, porque separados de mí nada podéis hacer». Juan 15: 5

Valiosas oportunidades se abren delante de todo ser humano a fin de que podamos conocer la «profundidad de las riquezas, de la sabiduría y del conocimiento de Dios» (Rom. 11:33). En esta obra, que nada menos que el poder divino puede realizar, nada puede perfeccionarse sin la cooperación del instrumento humano. Entonces lo divino y lo humano se combinan, como en la vida del Hijo de Dios. […] Ningún estímulo se ofrece al rebelde o al presuntuoso. La jactancia vanagloriosa ofende a Dios, pero la confianza que es fruto de un corazón contrito, será bendecida por él. […]

El cristiano sincero, al aceptar la gracia, siente que su éxito depende enteramente de Cristo, que es la fuente de energía divina. No se esfuerza por presentar méritos propios; no tiene fidelidad para presentar ante el Cielo. Siente su propia debilidad e ineficacia, y está convencido de que su carácter debe ser transformado. La humillación y abnegación revelan que el creyente ha contemplado a Cristo. El corazón de los que han sido llevados al arrepentimiento por el Espíritu de Cristo actuará sobre la base de principios, pues son «participantes de la naturaleza divina» (2 Ped. 1: 4), [y] en su estilo de vida diaria y con sus palabras representara el carácter de Cristo. […]

¿De qué nos serviría cultivar la altivez de espíritu y orar al mismo tiempo por humildad. ¿Cuál sería el beneficio de buscar ansiosamente la amistad y el aplauso del mundo, y orar al mismo tiempo por los afectos celestiales? ¿Cuál sería el beneficio de tolerar un temperamento apasionado y pronunciar palabras impropias de un cristiano, y orar al mismo tiempo por la mansedumbre de Cristo? Esto no es velar en oración. En la carencia de la fe que obra por el amor y purifica el alma radica el secreto de la oración no contestada. […]

Se lo digo en el nombre del Señor: Si la iglesia se levantara con el poder de Dios para enfrentar sus responsabilidades, consagrando al Señor cada talento, el Espíritu de Dios sería derramado en abundancia. El derramamiento ocurrirá como resultado de la fervorosa cooperación de los instrumentos humanos con los divinos. […]

Algunos que profesan ser cristianos necesitan una conversión genuina. Desean ser aceptados por Dios y oran ocasionalmente pidiendo serlo. Sin embargo, por su deseo de ganancias, por satisfacer su mundanalidad y egoísmo, por robar a Dios, ellos mismos se alejan de él. Las consecuencias de sus actos llegan a sus vidas por su egoísmo y sus malos deseos camales. Sus oraciones serán totalmente vanas a menos que cumplan con las condiciones especificadas en la Palabra de Dios.

La experiencia incierta de muchos profesos cristianos —que pecan y se arrepienten y continúan en esa situación de miseria espiritual— es el resultado de la mundanalidad y la impiedad en la vida. Se nos provee la gracia salvadora de Cristo para la vida diaria. Cristo no vino a salvar a los hombres en sus pecados, sino de sus pecados. Los principios de la verdad, albergados en el corazón, santificarán la vida.— Manuscrito 35, 8 de enero de 1893, «La obra de las publicaciones».

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DEVOCIONAL

ALZA TUS OJOS

Elena G. de White

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