2 de abril | Devocional: La maravillosa gracia de Dios | Mudar el corazón

Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Ezequiel 36:26.

Cuando Jesús habla del nuevo corazón, se refiere a la mente, la vida, todo el ser. Experimentar un cambio de corazón significa apartarnos de los afectos del mundo y aferramos de Cristo. Tener un nuevo corazón significa tener una nueva mente, nuevos propósitos, nuevos motivos. ¿Cuál es la señal de un corazón nuevo?: una vida transformada. Hay una muerte diaria, constante, al egoísmo y al orgullo.—The S.D.A. Bible Commentary 4:1164, 1165.

Los apetitos y las pasiones que pretenden ser complacidos, pisotean la razón y la conciencia. Esta es la cruel obra de Satanás, y él está aplicando constantemente los esfuerzos más decididos para fortalecer las cadenas mediante las cuales ha aherrojado a sus víctimas. Los que se han pasado toda la vida complaciendo hábitos erróneos, no siempre comprenden la necesidad de un cambio… Avivemos la conciencia y mucho se ganará. Nada fuera de la gracia de Dios puede convencer y convertir el corazón; sólo así pueden los esclavos de la costumbre obtener el poder necesario para quebrantar los grillos que los aprisionan. El que se complace a sí mismo debe ser inducido a comprender y sentir que necesita una gran renovación moral si ha de hacer frente a los requerimientos de la ley divina; el templo del alma ha sido contaminado, y Dios requiere de ellos que se levanten y luchen con todas sus fuerzas para volver a obtener la virilidad dada por Dios que fue sacrificada por medio de la complacencia pecaminosa.— Testimonies for the Church 4:552, 553.

¡Oh, qué rayos de amabilidad y belleza se desprendían de la vida diaria de nuestro Salvador! ¡Qué dulzura emanaba de su misma presencia! El mismo espíritu se revelará en sus hijos. Aquellos con quienes mora Cristo serán rodeados de una atmósfera divina. Sus blancas vestiduras de pureza difundirán la fragancia del jardín del Señor. Sus rostros reflejarán la luz de su semblante, que iluminará la senda para los pies cansados e inseguros.—El Discurso Maestro de Jesucristo, 110.

DEVOCIONAL

LA MARAVILLOSA GRACIA DE DIOS

Elena G. de White

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