2 de abril | Devocional: Exaltad a Jesús | La palabra es nuestro alimento espiritual

El que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás. Juan 6:35.

En esta época del mundo hay muchas personas que actúan como si tuvieran la libertad de cuestionar las palabras del Infinito, de analizar sus decisiones y estatutos, de aprobarlos, revisarlos, reestructurarlos, y anularlos a su antojo. Mientras nos dejemos guiar por opiniones humanas, nunca estaremos seguros, pero tendremos seguridad cuando nos dejemos conducir por un “Así dice Jehová”. No podemos confiar la salvación de nuestras almas a ninguna norma inferior a las decisiones de un Juez infalible.

Los que aceptan que Dios sea su guía y que su Palabra sea su consejero, contemplan la lámpara de la vida. Los oráculos vivientes de Dios conducen sus pies por sendas rectas. Los que son dirigidos así no se atreven a juzgar la Palabra de Dios, sino que sostienen constantemente que su Palabra los juzga a ellos. Obtienen su fe y su religión de la Palabra del Dios viviente. Ella es la guía y el consejero que marca su camino. Verdaderamente la Palabra es una luz para sus pies y una lámpara en su camino. Caminan bajo la dirección del Padre de las luces, en quien “no hay mudanza, ni sombra de variación”. Aquel cuyas tiernas misericordias reposan sobre todas sus obras transforman el camino de los justos en una luz resplandeciente, que brilla cada vez más hasta que el día es perfecto.

La Palabra de Dios debe transformarse en nuestro alimento espiritual. “Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás”. Juan 6:35. El mundo perece por falta de la verdad pura, no adulterada. Cristo es la verdad. Sus palabras son la verdad, y poseen un valor mayor y un significado más profundo de lo que aparecen en la superficie. Las mentes avivadas por el Espíritu Santo discernirán el valor de estas declaraciones…

La conciencia de cada judío sincero lo convencía de que Jesucristo era el Hijo de Dios, pero el orgullo y la ambición del corazón no le permitía someterse. Cuando la verdad es considerada verdad únicamente por la conciencia, cuando el corazón no ha sido estimulado ni hecho receptivo, sólo la mente es afectada. Pero cuando la verdad es recibida como tal por el corazón, ha pasado a través de la conciencia y ha cautivado el alma mediante sus principios puros. El Espíritu Santo la implanta en el corazón y revela su belleza a la mente, de tal modo que su poder transformador se pueda observar en el carácter…

La verdadera religión está encarnada en la Palabra de Dios, y consiste en permanecer bajo la dirección del Santo en pensamiento, palabra y acción. Aquel que es el camino, la verdad y la vida, toma al buscador humilde, ferviente y sincero, y le dice: Sígueme. Entonces lo conduce por el sendero angosto hasta la santidad del cielo… Y todos los que deciden seguir completamente al Señor serán conducidos por el camino real.—The Review and Herald, 29 de marzo de 1906.

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DEVOCIONAL

EXALTAD A JESÚS

Elena G. de White

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