2 de abril | Devocional: Conflicto y Valor | Le falló a su hermano

Éxodo 32:7-24.

Y dijo Moisés a Aarón: ¿Qué te ha hecho este pueblo, que has traído sobre él tan gran pecado? Éxodo 32:21.

Aarón trató de defenderse explicando los clamores del pueblo… Pero de nada le valieron sus excusas y subterfugios…

El hecho de que Aarón había sido bendecido y honrado más que el pueblo, hacía tanto más odioso su pecado. Fue Aarón, “el santo de Jehová” (Salmos 106:16) el que había hecho el ídolo y anunciado la fiesta. Fue él, que había sido nombrado portavoz de Moisés y acerca de quien Dios mismo había manifestado: “Yo sé que él puede hablar bien” (Éxodo 4:14), el que no impidió a los idólatras que cumplieran su osado propósito contra el Cielo. Fue Aarón, por medio de quien Dios había obrado y enviado juicios sobre los egipcios y sus dioses, el que sin inmutarse oyó proclamar ante la imagen fundida: “Estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto”. Fue él, que presenció la gloria del Señor cuando estuvo con Moisés en el monte y que no había visto nada en ella de lo cual pudiese hacerse una imagen, el que trocó aquella gloria en la semejanza de un becerro. Fue él, a quien Dios había confiado el gobierno del pueblo en ausencia de Moisés, el que sancionó la rebelión del pueblo por lo cual “contra Aarón también se enojó Jehová en gran manera para destruirlo”. Deuteronomio 9:20. Pero en respuesta a la vehemente intercesión de Moisés, se le perdonó la vida; y porque se humilló y se arrepintió de su gran pecado fue restituido al favor de Dios.

Si Aarón hubiera tenido valor para sostener lo recto, sin importarle las consecuencias, habría podido evitar aquella apostasía. Si hubiera mantenido inalterable su fidelidad a Dios, si hubiera recordado al pueblo los peligros del Sinaí y su pacto solemne con Dios, por el cual se habían comprometido a obedecer su ley, se habría impedido el mal. Pero su sumisión a los deseos del pueblo y la tranquila seguridad con la cual procedió a llevar a cabo los planes de ellos, los llevó a hundirse en el pecado más de lo que habían pensado…

De todos los pecados que Dios castigará, ninguno es más grave ante sus ojos que el de aquellos que animan a otros a cometer el mal. Historia de los Patriarcas y Profetas, 331-333.

DEVOCIONAL: CONFLICTO Y VALOR

Elena G. de White

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Devocional

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