3 de noviembre | Devocional: Conflicto y Valor | Pedro aprendió la lección

Lucas 22:31-34.

Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos. Lucas 22:31,32.

Temerario, agresivo, confiado en sí mismo, rápido para percibir y apresurado para actuar, pronto para vengarse, y, sin embargo, generoso para perdonar. Pedro se equivocó a menudo, y a menudo fue reprendido. No fueron menos reconocidas y elogiadas su lealtad afectuosa y su devoción a Cristo. El Salvador trató a su impetuoso discípulo con paciencia y amor inteligente, esforzándose por reprimir su engreimiento y enseñarle humildad, obediencia, y confianza. Pero la lección fue aprendida sólo en parte… Repetidas veces Jesús le advirtió que negaría que le conocía. Del corazón apenado y amante del discípulo brotó la declaración: “¡Señor, dispuesto estoy para ir contigo a la cárcel, y a la muerte!”…

Cuando Pedro negó en la sala del tribunal que conocía al Salvador; cuando su amor y lealtad, despertados por la mirada de compasión, amor y pena del Salvador le hicieron salir al huerto donde Cristo había llorado y orado; cuando sus lágrimas de remordimiento cayeron al suelo que había sido humedecido con las gotas de sangre de la agonía del Señor, las palabras del Salvador: “Mas yo he rogado por ti…” fueron un sostén para su alma. Cristo, aunque había previsto su pecado, no lo había abandonado a la desesperación.

Si la mirada que Jesús le dirigió hubiese expresado condenación en vez de lástima; si al predecir el pecado no hubiese hablado de esperanza, ¡cuán densa hubiera sido la oscuridad que rodeó a Pedro! …

Aquel que no pudo librar a su discípulo de la angustia, no lo dejó abandonado a su amargura. Su amor no se agota ni abandona. Los seres humanos, entregados ellos mismos al mal, están inclinados a tratar severamente a los tentados y errantes. No pueden leer el corazón, no conocen su lucha ni dolor. Necesitan aprender acerca del reproche que es amor, del golpe que hiere para sanar, de la amonestación que expresa esperanza…

La transformación de Pedro fue un milagro de la ternura divina. Es la lección de una vida para todos los que tratan de seguir las pisadas del Maestro de los  maestros. La Educación, 83-86.

DEVOCIONAL: CONFLICTO Y VALOR

Elena G. de White

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Devocional

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