23 de junio | Devocional: Nuestra Elevada Vocación | No hay diferencia de clases con Dios

Hermanos míos, no tengáis la fe de nuestro Señor Jesucristo glorioso en acepción de personas. Santiago 2:1.

Los males que existen en la sociedad del mundo nunca debieran encontrar aprobación entre los cristianos. … Dios pide que abráis ampliamente vuestras manos al necesitado, y que tengáis la más tierna compasión hacia aquellos que están afligidos, o que sufren necesidad. …
Si tenéis el Espíritu de Cristo, os amaréis como hermanos; honraréis al discípulo más humilde en su pobre hogar, porque Dios lo ama tanto como os ama a vosotros, y aun puede ser más. El no reconoce diferencia de clases. Coloca su sello sobre los hombres, no por su posición, no por su riqueza, no por su grandeza intelectual, sino por su unidad con Cristo. Es la pureza de corazón, la unidad de propósito, lo que constituye el verdadero valor de los seres humanos. … Todos los que viven en diaria comunión con Cristo, colocarán su estima sobre los hombres. Reverenciarán a los buenos y a los puros, aunque sean pobres en los bienes de este mundo. … La avaricia, el egoísmo y la codicia son idolatría, y deshonran a Dios. … La ternura, la compasión y la benevolencia son cualidades que se ordena tener a los cristianos.—The Review and Herald, 6 de octubre de 1891, pp. 609.
Debiéramos estudiar e imitar al Modelo, para que el Espíritu que mora en Cristo pueda morar en nosotros. El Salvador no fue encontrado entre los exaltados y los honorables del mundo. No pasó su tiempo entre aquellos que buscaban lo fácil y el placer. Anduvo haciendo bien. Su obra consistió en ayudar a aquellos que necesitaban ayuda, en salvar a los perdidos y a los que perecían, en elevar a los caídos, en romper el yugo de la opresión de aquellos que estaban en esclavitud, en sanar a los afligidos, en hablar palabras de simpatía y consuelo a los que sufrían y estaban angustiados. Se nos pide que copiemos este modelo. Levantémonos y pongámonos a trabajar, procurando bendecir al necesitado y confortar al angustiado. Cuanto más participemos del Espíritu de Cristo, tanto más veremos qué podemos hacer por nuestros semejantes. Estaremos llenos de amor por las almas que perecen, y encontraremos nuestra delicia en las pisadas de la Majestad del cielo.— Manuscrito 1, 1869.

DEVOCIONAL: NUESTRA ELEVADA VOCACIÓN
Elena G. de White

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Devocional

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