15 de septiembre | Devocional: Alza tus ojos | La solemnidad del juicio final

Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis. E irán estos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna. Mateo 25:45,46.

¡Qué obra hay ante nosotros! ¿Quién la comprende? Cristo hará que todos entiendan que el fin de todas las cosas está próximo y que las solemnes escenas del juicio final ocurrirán pronto. En el gran día, aquellos cuyos caracteres el Juez de toda la tierra pueda vindicar permanecerán ante el mundo, glorificados y honrados. Ellos revelaron en este mundo la luz y gloria de Dios, y ahora El los recompensa según sus obras.

El mundo entero recibirá entonces su sentencia. A todos se formulará la pregunta: “¿Ha estudiado usted diligentemente la Palabra de Dios para estar en condiciones de conocer su voluntad con el fin de estar capacitado para comprender la diferencia entre el pecado y la justicia?” Triste será el destino de los que no acudan a Cristo para ser purificados de toda injusticia. Entonces los pecadores ven el carácter de Dios tal como es. Y también ven la pecaminosidad de los pecados que apartaron a las almas de Cristo, y las colocaron bajo el estandarte de la rebelión, para hacer guerra contra Aquel que dio su vida por ellos.

Puesto que Cristo es uno con el Padre, igual a El, podía hacer expiación por la transgresión, y salvar al hombre; no en sus pecados sino de sus pecados. Los que hayan despreciado su gracia verán lo que perdieron por haber tratado con desdén a quien se humilló a sí mismo para estar a la cabeza de la humanidad. Oyen las palabras de condenación: “Apartaos de mí. Por vuestro ejemplo muchos han errado. Los desviasteis de los mandamientos por cuya obediencia hubieran hallado la vida eterna”.

Muy diferentes son las palabras dirigidas a los fieles del Señor: “Venid, benditos de mi Padre”, dice Cristo, “heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo”. Entonces, la hueste de los redimidos eleva un coro triunfante: “¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?” Oh, si nuestras mentes pudieran comprender la magnitud del tema y la importancia maravillosa de esa ocasión.

“El que cree en mí nunca morirá”. “Si un hombre guarda mis dichos nunca verá la muerte”. Los escogidos del Señor pueden caer en sus puestos de guardia, pero sólo han quedado dormidos, para descansar hasta que Jesús los despierte para compartir con El un eterno peso de gloria.—Carta 363, del 15 de septiembre de 1904, dirigida a su hijo,  Edson White.

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DEVOCIONAL: ALZA TUS OJOS

Elena G. de White

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