8 de septiembre | Devocional: Alza tus ojos | Ayuda prometida para el conflicto

Ahora, así dice Jehová, Creador tuyo, oh Jacob, y Formador tuyo, oh Israel: No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú. Isaías 43:1.

Todo obstáculo para la redención del pueblo de Dios ha de ser erradicado abriendo la Palabra de Dios y presentando un simple “Así dice el Señor”. La verdadera luz ha de resplandecer, puesto que tinieblas cubren la tierra y densa oscuridad a los pueblos. La verdad del Dios viviente debe aparecer en marcado contraste con el error. Proclamen las buenas nuevas: Tenemos un Salvador que dio su vida para que todo aquel que en El cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Aparecerán trabas para impedir el progreso de la obra del Señor, pero no teman. A la omnipotencia del Rey de reyes, nuestro Dios, observador del pacto, une la bondad y el cuidado de un tierno pastor. Nada puede obstruir su camino. Su poder es absoluto y es la garantía inamovible del cumplimiento de sus promesas a su pueblo. Puede quitar todo obstáculo para el adelanto de su causa. Tiene medios para eliminar toda dificultad, a fin de que los que lo sirven y respetan los métodos que El emplea sean librados. Su benignidad y amor son infinitos, y su pacto es inalterable…

La iglesia de Cristo es el instrumento de Dios para la proclamación de la verdad. Está autorizada por El para efectuar una labor especial, y si es fiel a Dios y obediente a todos sus mandamientos, morará en ella la excelencia del poder divino. Si honra al Señor Dios de Israel ningún poder podrá oponérsele. Si mantiene su fidelidad, las fuerzas del enemigo ya no podrán subyugarla más de lo que puede la paja resistir al remolino de viento.

Se halla ante la iglesia el amanecer de un día glorioso y brillante si se coloca el manto de la justicia de Cristo, apartándose de toda alianza con el mundo. Los miembros de la iglesia necesitan ahora confesar sus errores y unirse. Mis hermanos y hermanas, no permitan que nada se introduzca y los separe entre sí y de Dios. No hablen de diferencias de opiniones sino únanse en el amor de la verdad según es en Cristo Jesús. Acudan a Dios e imploren por la sangre derramada del Salvador como razón para recibir ayuda en la contienda contra el mal. Les aseguro que no suplicarán en vano. A medida que se acerquen a Dios, con sincera contrición y en total certidumbre de fe, el enemigo que procura destruirlos será vencido.

Regresen al Señor, prisioneros de la esperanza. Procuren la fortaleza de Dios, del Dios vivo. Muestren una fe humilde y firme en su poder y en su disposición para salvar. De Cristo está fluyendo el torrente viviente de Salvación. El es la fuente de vida y el Manantial de todo poder.—Carta 199, del 8 de septiembre de 1903, dirigida a “Mis hermanos en puestos de responsabilidad en la causa de Dios”.

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DEVOCIONAL: ALZA TUS OJOS

Elena G. de White

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