1 de febrero | Devocional: Alza tus ojos |  Los planes de Dios son los buenos

«Por la fe que tenía vivió como extranjero en la tierra que Dios le había prometido. Vivió en tiendas de campaña, lo mismo que Isaac y Jacob, que también recibieron esa promesa. Porque Abraham esperaba aquella dudad que tiene bases firmes, de la cual Dios es arquitecto y constructor». Hebreos 11:9-10, DHH

JESÚS ASCENDIÓ AL Padre como representante de la raza humana, y Dios hará que aquellos que reflejan su imagen lo contemplen y compartan con él su gloria. Hay hogares para los peregrinos de la tierra; hay mantos para los justos, coronas de gloria y palmas de victoria. Las actuaciones de Dios, que ahora nos dejan perplejos, quedarán entonces aclaradas; las cuestiones difíciles de comprender tendrán explicación. Los misterios de la gracia se abrirán ante de nosotros. Donde nuestras mentes finitas no percibieron más que confusión y propósitos frustrados, veremos la armonía más perfecta y hermosa. Sabremos que un amor inconmensurable permitió las experiencias que parecían más penosas y difíciles de sobrellevar. Al comprender el tierno cuidado de quien hace que todas las cosas obren para nuestro bien, nos regocijaremos con un gozo indescriptible y pleno de gloria.

El dolor no puede existir en la esfera celestial. En el hogar de los redimidos no habrá lágrimas, cortejos fúnebres ni símbolos de luto. «No dirá el morador: “Estoy enfermo”. Al pueblo que more en ella, le será perdonada la iniquidad» (Isa. 33: 24). Una caudalosa corriente de felicidad fluirá y se extenderá a medida que la eternidad vaya transcurriendo. Piensen en ello; comuníqueselo a los que sufren y están tristes, y estimúlenlos a regocijarse en la esperanza. Cuanto más nos acerquemos a Jesús, tanto más claramente veremos la pureza y grandeza de su carácter, y menos inclinados nos sentiremos a exaltar nuestro ego. El contraste entre nuestros caracteres y el suyo conducirá a la humildad y a una seria autocrítica. Cuanto más amemos a Jesús, más cabalmente nos humillaremos y nos olvidaremos del yo. […]

El manso de espíritu, el que es más puro y más semejante a un niño, será fortalecido para la batalla con poder por medio del Espíritu de Dios en el hombre interior (2 Cor. 4: 16). Quien percibe su debilidad y lucha con Dios como lo hizo Jacob, y como este siervo de antaño clama: «No te dejaré, si no me bendices» (Gén. 32: 26), avanzará con una renovada unción del Espíritu Santo; la atmósfera del cielo lo rodeará, andará haciendo bienes, y su influencia será positiva en favor de la religión de Cristo. […]

Nuestro Dios es el apoyo siempre dispuesto en los momentos de necesidad. Conoce nuestros pensamientos y sentimientos más íntimos, así como todas las intenciones y los propósitos que abrigamos. Cuando nos asalte el desconcierto, antes de que le contemos nuestras angustias, él ya está tomando las providencias para nuestra liberación.— Carta 73, 1de febrero de 1905, dirigida a los doctores Daniel H. y Lauretta Kress.

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DEVOCIONAL

ALZA TUS OJOS

Elena G. de White

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