3 de abril | Devocional: Hijos e Hijas de Dios | Cambio de mentalidad

«Les daré un nuevo corazón, y les infundiré un espíritu nuevo; les quitaré ese corazón de piedra que ahora tienen, y les pondré un corazón de carne». Ezequiel 36: 26, NVI

MUCHOS JÓVENES CUANDO oyen hablar de la necesidad de «un nuevo corazón» (Eze. 36: 26) no entienden lo que eso quiere realmente decir. Esperan que ocurra un cambio especial en sus sentimientos, pensando que en eso consiste la conversión. Innumerables son, para ruina de ellos, los que caen en semejante error; pues no han entendido que «hay que nacer de nuevo» (Juan 3: 7, TLA). Cuando Jesús habla de un nuevo corazón, se refiere a la mente, a la vida, a todo el ser. Tener un cambio de corazón quiere decir apartar los afectos de este mundo y aferrarse a Cristo. Tener un nuevo corazón es cambiar de mentalidad, tener nuevos propósitos, una nueva motivación. ¿Cuál es la señal de un nuevo corazón? Una vida nueva. Hay una muerte diaria, y de cada hora, al egoísmo y al orgullo (1 Cor. 15:31).— The Youth’s Instructor, 26 de septiembre de 1901.
Entonces se manifestará un espíritu de amabilidad, no de vez en cuando sino en todo momento. Habrá un cambio decidido en la actitud, en el comportamiento, en las palabras y en el trato hacia todos aquellos con quienes nos relacionemos. No magnificaremos nuestras debilidades, no las pondremos bajo una luz desfavorable. Actuaremos de acuerdo con los métodos de Cristo, manifestando al prójimo el amor que Cristo nos manifestó.
En lugar de revelar y publicar las faltas de los demás, haremos pacientemente los máximos esfuerzos para curarlas y vendarlas. […] Una persona de espíritu áspero no está dominada por la razón, es ruda; no es espiritual; no tiene un corazón de carne, sino un insensible corazón de piedra. Su único auxilio consiste en caer en la Roca y ser quebrantada. El Señor pondrá a los que son rudos en situaciones difíciles, y los probará con fuego, como se prueba el oro. Cuando vea su imagen reflejada en ellos, entonces los podrá usar.— Carta 15, 1895.

DEVOCIONAL HIJOS E HIJAS DE DIOS
Elena G. de White

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