9 de junio | Devocional: Alza tus ojos | La prescripción del médico divino

 

Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo. Juan 6:51.

 

A fin de tener salud y vitalidad en el alma, el Médico divino prescribe comunión con El. Debemos sentamos a sus pies y aprender de El cómo ser mansos y humildes de corazón. La salud espiritual depende del alimento que se da a la mente y del aire que se respira.

El alma necesita alimento, y a fin de conseguirlo, debe estudiarse la Palabra de Dios… Para curar la enfermedad es esencial inspirar aire puro. Y no es menos esencial que la atmósfera que respiramos en la vida espiritual sea pura. Esto es imprescindible para el crecimiento saludable en la gracia. Respiren la atmósfera pura que produce pensamientos puros y palabras nobles. Escojan asociarse con los cristianos. El cristiano no tendrá salud espiritual a menos que sea cuidadoso con respecto a sus compañías…

Cada cristiano que lo es en verdad, debe crecer. Debe crecer constantemente en sabiduría y conocimiento. Día tras día debe aproximarse a la estatura plena de un hombre en Cristo Jesús. A fin de ser seguidor del Maestro, debe crecer. Debe avanzar en un aprecio más profundo del amor de Dios y en un conocimiento más claro de su voluntad. Si su luz no brilla más y más resplandecientemente, su fe se vuelve débil y su amor enfermizo. Y a menos que perciba y reconozca su peligro, estará haciendo más daño a la causa de Dios que un incrédulo declarado. La piedad abandona el templo del alma. Se aparta descuidadamente de sus deberes y responsabilidades. Crucifica de nuevo al Hijo de Dios y lo expone a la vergüenza.

El ejercicio es esencial para crecer en la gracia. Cuando se ejercita en las cosas espirituales a los que están espiritualmente enfermos, se produce una transformación del carácter. La salud de la vida espiritual depende del ejercicio. Pero la espiritualidad no puede crecer mientras el corazón esté lleno de las úlceras corruptoras del egoísmo. El alma debe ser limpiada y purificada por la gracia refinadora de Dios. El canal de comunicación entre la tierra y el cielo debe ser mantenido libre de toda obstrucción, a fin de que el alma pueda recibir de Cristo una provisión de agua viviente. Se debe someter a prueba cada músculo y articulación espiritual. Dios nos ha dado muchas oportunidades para trabajar para El. A menos que aprovechemos estas oportunidades, no podremos crecer como cristianos. Cuando Cristo, la esperanza de gloria, se forme en el interior, se verá un cambio definido en la experiencia religiosa de quienes profesan ser cristianos.—Manuscrito 50, del 9 de junio de 1901, sin título.

 

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DEVOCIONAL

ALZA TUS OJOS

Elena G. de White



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