10 de junio | Devocional: Nuestra Elevada Vocación | Uno con la iglesia de arriba

Por esta causa doblo mis rodillas al Padre de nuestro Señor Jesucristo, del cual es nombrada toda la parentela en los cielos y en la tierra. Efesios 3:14, 15.

La iglesia de Dios sobre la tierra es una con la iglesia de Dios arriba. Los creyentes en la tierra y aquellos que nunca han caído en el cielo forman una iglesia. Cada inteligencia celestial está interesada en las asambleas de los santos, quienes en la tierra se reúnen para adorar a Dios en espíritu y en verdad, y en la belleza de la santidad. En el santuario del cielo escuchan los testimonios de los testigos de Cristo que están en el atrio de la tierra, y las alabanzas y los agradecimientos que proceden de la iglesia de abajo, son llevados arriba en la antífona celestial, y la alabanza y el gozo resuenan a través de las cortes celestiales porque Cristo no murió en vano por los hijos caídos de Adán. Mientras los ángeles beben de la fuente principal, los santos en la tierra beben de las puras corrientes que dimanan del trono de Dios y que alegran la ciudad de Dios. …
En cada asamblea de los santos, aquí abajo, los ángeles de Dios están escuchando las alabanzas, los agradecimientos, las súplicas que ofrece el pueblo de Dios mediante testimonios, cantos y oraciones. Que ellos recuerden que sus alabanzas son apoyadas por los coros de las huestes angélicas de arriba. …
La compañía de los creyentes puede ser escasa en número, pero ellos han sido tomados por el hacha de la verdad, como piedras ásperas de la cantera del mundo, … para ser preparados mediante las pruebas y las luchas para ocupar un lugar en el templo celestial de Dios, y son muy preciosos a la vista del Señor. … Son preciosos a la vista de Dios, aun cuando están sin pulir. El hacha, el martillo y el cincel de las dificultades y las pruebas están en las manos de Aquel que es hábil, y son utilizados, no para destruir, no para no producir nada, sino para obrar las perfecciones de cada alma. …
El Señor no desechará al más humilde, al más bajo de los creyentes en Jesús, así como no demolerá su trono. Somos aceptados en el Amado. Somos miembros de la familia real, hijos del Rey celestial, herederos de Dios, y coherederos con Cristo Jesús.—Manuscrito 32a, 1894.

DEVOCIONAL: NUESTRA ELEVADA VOCACIÓN
Elena G. de White

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Devocional

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