28 de abril | Devocional: Alza tus ojos | Tome la copa de salvación

Tomaré la copa de la salvación, e invocaré el nombre de Jehová. Salmos 116:13.

¿Comete usted errores? Vaya a Jesús, y pida que la perdone y luego crea que lo hace. “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”. 1 Juan 1:9. Pídale al Señor que perdone sus equivocaciones; y luego regocíjese en El.

No la ayudará en lo más mínimo seguir lamentándose por sus defectos. Dígale: “Señor, te entrego mi alma impotente, solamente a ti. No me preocuparé, porque tú has dicho: ‘Pedid, y se os dará’”. Crea que lo recibe. Crea que su Salvador está lleno de compasión, lleno de ternura, piedad y amor. No permita que los pequeños contratiempos la perturben. El Señor puede hacer que Ud. incurra en pequeños errores a fin de salvarla de cometer otros mayores.

Haga su parte en ayudarse a sí misma, como todos los que serán bendecidos deben hacerlo. Crea que Cristo la ayuda. Rehúse hablar una sola palabra de incredulidad. Cuando el enemigo le diga que el Señor la ha abandonado, contéstele que usted sabe que no es así, porque Cristo declara: “No he venido a llamar a justos, sino pecadores, al arrepentimiento”. Mateo 9:13…

En lugar de quejarse por su debilidad, de expresarse con incredulidad y sentir que están abusando de Ud., comience a cantar. Hable de la misericordia y del amor de Dios. A todos los que están trabajados y cargados Cristo les hace la invitación: “Venid a mí… y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga”. Mateo 11:28-30. Esta es la lección que Cristo desea que Ud. aprenda, y aprendiéndola encontrará reposo…

Estudie la vida que Cristo vivió mientras estuvo en esta tierra. No descuidó el deber más sencillo y más pequeño que recayó sobre El. La perfección caracterizó todo lo que hizo.

Mire a Jesús para recibir ayuda y esto la capacitará para realizar sus deberes diarios con la gracia y dignidad de quien está buscando una corona de vida inmortal. Nos espaciamos mucho en la grandeza de la vida de Cristo. Hablamos de las grandes cosas que El realizó, de los milagros que protagonizó, como cuando calmó las aguas tempestuosas, abrió los oídos de los sordos y resucitó a los muertos… pero su atención por las cosas pequeñas es una prueba aún mayor de su grandeza y compasión.—Carta 72, del 28 de abril de 1903, dirigida a una hermana de Maine, Estados Unidos.

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DEVOCIONAL

ALZA TUS OJOS

Elena G. de White

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