23 de julio | Devocional: Alza tus ojos | Perfección cristiana

Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría. Judas 24.

Debe realizarse una obra real en nosotros. Permanentemente debemos rendir nuestra voluntad a la voluntad de Dios, nuestro camino al suyo. Nuestras ideas personales lucharán constantemente por obtener la supremacía, pero debemos hacer de Dios el todo y en todo. No estamos libres de las flaquezas de la humanidad pero debemos esmeramos continuamente por liberarnos de ellas, no para ser perfectos según nuestra propia manera de ver; sino perfectos en toda buena obra. No debemos morar en el lado oscuro. Nuestras almas no deben descansar en sí mismas sino en Quien es todo y en todos.

Al contemplar como en un espejo la gloria del Señor estamos realmente siendo transformados a su misma imagen, de gloria en gloria, como por el Espíritu del Señor. Esperamos demasiado poco y recibimos de acuerdo con nuestra fe. No debemos aferrarnos a nuestros propios caminos, nuestros propios planes, nuestras propias ideas; hemos de ser reformados por la renovación de nuestras mentes para que podamos demostrar cuál es la voluntad de Dios, agradable y perfecta. Debemos vencer los pecados que nos acosan y derrotar los hábitos perversos. Las disposiciones y sentimientos inclinados al mal han de ser extirpados, para dar paso a caracteres y emociones santas, engendrados en nosotros por el Espíritu del Señor.

Esto lo enseña específicamente la Palabra de Dios, pero el Señor no puede obrar en nosotros el querer y el hacer su buena voluntad a menos que a cada paso crucifiquemos el yo, con sus afectos y concupiscencias. Si tratamos de actuar a nuestro modo, fracasaremos penosamente… Tenemos una gran tarea que realizar y, si somos colaboradores de Dios, los ángeles ministradores cooperarán con nosotros en la obra… Por lo tanto, aferrémonos a este maravilloso poder por medio de una fe viva, orando y creyendo, confiando y trabajando. Entonces Dios hará lo que sólo El puede hacer…

El yo es más difícil de todo lo que tenemos que dirigir. Al abandonar las cargas, no nos olvidemos de poner el yo a los pies de Cristo. Entreguémonos a Jesús para ser moldeados y formados por El de modo que podamos ser hechos vasijas de gloria. Las tentaciones, las ideas, los sentimientos, todo debe rendirse a los pies de Cristo. Entonces el alma está preparada para escuchar las palabras divinas de instrucción. Jesús les dará a beber del agua que fluye del río de Dios. Bajo la apacible y suavizante influencia de su Espíritu, su frialdad e indiferencia desaparecerán. Cristo será en ustedes un manantial de agua que manará para vida eterna…

Que el poder santificador de la verdad se exprese en sus vidas y revele en sus caracteres. Que Cristo los moldeé como se moldea la arcilla en las manos del alfarero.— Carta 57, del 23 de julio de 1887, dirigida a J. H. Durland y A. A. John, obreros en Inglaterra.

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DEVOCIONAL: ALZA TUS OJOS

Elena G. de White

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