21 de julio | Devocional: Nuestra Elevada Vocación | Hojas del árbol de la vida

Y Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida: el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás. Juan 6:35.

El mundo perece por falta de la verdad, de la verdad pura y no adulterada. Cristo es la verdad. Sus palabras son verdad.—Manuscrito 130, 1897, pp. 1.
Cuando el creyente, en la comunión del Espíritu, puede tocar la verdad con sus manos y apropiarse de ella, come del Pan que procede del cielo. Entra en la vida de Cristo, y aprecia el gran sacrificio hecho en beneficio de la humanidad pecadora.
El conocimiento que procede de Dios es el pan de vida. Son las hojas del árbol de la vida que son para la sanidad de las naciones. La corriente de la vida espiritual mueve el alma cuando las palabras de Cristo son creídas y practicadas. Así es como somos hechos uno con Cristo. La experiencia que era débil, se hace fuerte. Si mantenemos firme hasta el fin el principio de nuestra confianza, obtendremos la vida eterna. Debemos recibir toda verdad como la vida de Jesús. La verdad nos limpia de la impureza, y prepara el alma para la presencia de Cristo. Cristo se forma en el interior como la esperanza de gloria.—Manuscrito 103, 1902, pp. 2.
Debemos participar cada día de la verdad. Debemos comer las palabras de Cristo, las cuales él declara que son espíritu y vida. La aceptación de la verdad hará de cada persona que la recibe un hijo de Dios y un heredero del cielo.
La verdad que está en el corazón no es letra fría y muerta. … Hay plenitud de gozo en la verdad. Hay nobleza en la vida del agente humano que vive y obra bajo la influencia vivificadora de la verdad. La verdad es sagrada y divina. Es más fuerte y más poderosa que cualquier otra cosa en la formación del carácter a la semejanza de Cristo. Cuando se la aprecia en el corazón, el amor de Cristo es preferido al amor de cualquier ser humano. Esto es el cristianismo. Así la verdad, pura y no adulterada ocupa la ciudadela del ser. Esta es la vida de Dios en el alma. “Y os daré un corazón nuevo, y pondré un espíritu nuevo dentro de vosotros”. Ezequiel 36:26.—Manuscrito 130, 1897.

DEVOCIONAL: NUESTRA ELEVADA VOCACIÓN
Elena G. de White



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Devocional

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