20 de octubre del 2026 | Devoción Matutina para Adultos 2026 | El Dios de Nuestra Salvación
«Pero Dios es mi rey desde tiempo antiguo, el que hace salvación en medio de la tierra». Salmo 74:12 (RV1960)
El Salmo 74 nace de un dolor muy real. Los enemigos del pueblo de Dios habían entrado al santuario, destruido los lugares de reunión y quemado todo lo sagrado, dejando a los creyentes sin profetas y sin señales visibles de ayuda (Sal. 74:3-9). Ante la burla abierta de quienes los rodeaban, el salmista no intenta ignorar la tragedia. En lugar de quedarse mirando los escombros del templo, decide recordar quién es Dios y qué ha hecho en la historia (Sal. 74:12).
Este cambio de mirada marca un momento decisivo. El autor comprende que la autoridad del Señor no depende de un templo físico ni de las circunstancias cambiantes que lo rodean. Al llamar a Dios su «Rey desde tiempo antiguo», trae a su mente el poder creador que abrió el mar, detuvo a los opresores en el pasado y mantiene el orden en el universo (Sal. 74:13-17). El mismo Dios que gobernaba entonces es el que sigue reinando hoy, demostrando que su dominio no se tambalea aunque los refugios visibles desaparezcan.
Esta verdad nos deja una lección muy práctica para los momentos de crisis en la familia o en la iglesia. Solemos apoyar nuestra paz en la seguridad material, en la tranquilidad del entorno o en nuestras propias fuerzas. Cuando esos apoyos fallan, es muy fácil caer en el desánimo y pensar que el mal tiene la última palabra. Sin embargo, la Biblia nos recuerda que nuestra seguridad no descansa en cosas terrenales, sino en la soberanía de un Dios que sostiene el mundo en sus manos.
Por eso, el versículo clave afirma con firmeza: «Pero Dios es mi rey desde tiempo antiguo, el que hace salvación en medio de la tierra». Aceptar el reinado de Dios significa confiar en que él puede intervenir en los momentos más oscuros. La salvación de la que habla la Escritura no es una idea lejana, sino la acción real del Padre ayudando, guiando y sosteniendo a sus hijos en el día a día.
Las palabras de Isaías 43:11 confirman esta protección: «Yo, yo Jehová, y fuera de mí no hay quien salve». Apoyarnos únicamente en el Señor nos quita el peso de la ansiedad y nos da la fuerza para seguir adelante, sabiendo que su mano nunca llega tarde.
Elena G. de White describe esta realidad con sencillez al señalar que «el poder de Dios se manifiesta continuamente para sostener a sus hijos; aunque los caminos parezcan oscuros, su amor nunca falla y su mano poderosa está siempre lista para salvar a quienes confían en él» (El ministerio de curación, p. 142).
Confiemos hoy en el Dios que gobierna nuestra historia, sabiendo que él permanece fiel en todo tiempo.
Oración:
Padre celestial, te reconocemos como nuestro Rey y Salvador. Cuando las estructuras de este mundo fallen y la incertidumbre nos rodee, enséñanos a descansar por completo en tu poder soberano. En el nombre de Jesús, Amén.
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