17 de septiembre del 2026 | Devoción Matutina para Adultos 2026 | La bendición de mirar al que sufre
«Bienaventurado el que piensa en el pobre; en el día malo lo librará Jehová» (Salmo 41:1, RV1960).
En las rutas nevadas de alta montaña, los guías experimentados conocen una regla vital para sobrevivir a una ventisca extrema. Cuando un caminante encuentra a otro viajero tendido en la nieve a punto de congelarse, el cansancio lo tienta a apurar el paso para ponerse a salvo antes de que caiga la noche. Sin embargo, quienes dominan la montaña saben que detenerse, inclinarse junto al caído y frotar su cuerpo para devolverle el calor activa la propia circulación del socorrista. Al esforzarse por proteger al desamparado, el rescatador evita que su propio organismo caiga en hipotermia. Salvar al que no puede levantarse termina siendo la causa directa de que ambos lleguen con vida al refugio.
David compuso este salmo postrado en cama, debilitado por una dura enfermedad y enfrentando la indiferencia de quienes decían ser sus amigos. En medio del dolor, vio con tristeza cómo algunos iban a visitarlo solo para murmurar a sus espaldas: «Aun el hombre de mi paz, en quien yo confiaba, el que de mi pan comía, alzó contra mí el calcañar» (Salmo 41:9). Sin embargo, el rey sabía que Dios jamás olvida a quien vive atento al desamparado. Estaba convencido de que la compasión mostrada en el pasado se convierte en el mayor testimonio de fe cuando llegan los momentos de prueba personal.
En nuestros días resulta fácil encerrarse en los propios problemas y pasar de largo frente a las necesidades ajenas. Vamos con prisa al trabajo o a las compras del mes y ni siquiera saludamos al vecino anciano que vive solo y camina con dificultad cargando sus bolsas de víveres. Creemos que cumplir con nuestras obligaciones nos exime de involucrarnos en la vida de los demás, dejando que la frialdad apague la empatía en nuestro trato diario. Olvidamos que la indiferencia endurece el corazón y nos priva de la verdadera alegría cristiana.
Jesucristo encarnó esta mirada compasiva cuando se detuvo ante el ciego Bartimeo junto al camino de Jericó. Aunque la multitud apurada reprendía al mendigo para que callara y no molestara, el Maestro frenó su marcha, mandó llamarlo y le preguntó qué deseaba que hiciera por él. Jesús no consideró una interrupción atender a un hombre marginado y sin recursos; le devolvió la vista y le dio dignidad. Hoy, el Salvador conoce de cerca tus propias flaquezas, sostiene tu vida con infinita misericordia y pronto regresará para recompensar cada acto de bondad sincera.
Elena G. de White recuerda el deber sagrado de atender al afligido:
«“Bienaventurado el que piensa en el pobre; en el día malo lo librará Jehová”. Hay muchos a quienes la vida es una dolorosa lucha […] Sean los que han gozado de los beneficios de la salud […] solícitos en aliviar estas aflicciones» (El ministerio de curación, p. 199).
Pensar hoy en el necesitado significa visitar a ese enfermo de la iglesia a quien nadie llama, compartir un plato de comida caliente con quien pasa necesidad y escuchar con paciencia a quien atraviesa un momento difícil.
Tu Padre celestial no ignora tus luchas diarias ni los momentos en que tú mismo te has sentido solo y sin fuerzas. Su amor por ti es inmutable y tierno; Él promete cuidarte en el día de la angustia con la misma generosidad con que tú cuidas a otros. No te dejes ganar por el apuro que enfría los afectos; abre hoy tus manos y comparte el consuelo que el cielo te ha regalado. ¿Estarás dispuesto a ser un instrumento de la compasión de Dios en este día?
Oración:
Señor mi Dios, perdona mi egoísmo y la prisa con la que tantas veces vivo sin notar el dolor ajeno. Abre mis ojos ante la necesidad de quienes me rodean y dame un corazón generoso para servir. Sostén a los que sufren, cuida mi hogar y enséñame a reflejar tu amor. En el nombre de Jesús, amén.
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DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2026
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