DEVOCIONAL: Preparando el camino | 14 de octubre del 2026 | El día en que cesará el orgullo humano

Versículo clave: «Y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero» (Apocalipsis 6:16).

El desenlace de la historia humana traerá consigo un cambio radical en la actitud de aquellos que vivieron desafiando la paciencia del Creador. Las Sagradas Escrituras revelan que el tiempo de las burlas y de la arrogancia mundana llegará a su fin de manera abrupta. El apóstol Juan plasmó en las visiones del Apocalipsis el clamor desesperado de los grandes de la Tierra, quienes rogarán a la naturaleza: «Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero» (Apocalipsis 6:16). Esta declaración profética contrasta la ternura intercesora del Salvador con la terrible solemnidad de Su justicia vindicada.
Tratemos de percibir la seriedad de esta escena. Las voces que poco antes se burlaban de los mandamientos de Dios, del santo sábado y de la fidelidad del pueblo remanente, ahora solo pronunciarán lamentos. Los tumultos y el orgullo de las naciones cesarán por completo ante el resplandor de la presencia divina. Aquel a quien desecharon y vituperaron, se manifestará ahora con la santa indignación del Juez soberano, no porque Dios se deleite en la destrucción, sino porque la justicia exige poner fin de forma definitiva al pecado que tanto daño ha causado al universo.
Para el pueblo remanente, que sostiene firmemente el testimonio de Jesús en medio de la apostasía generalizada, este momento representa la vindicación de su fe. Es el cumplimiento de lo que el profeta Isaías anunció para dar consolación a las almas atribuladas por la injusticia de este siglo: «Porque el gran día de su ira es venido; ¿y quién podrá estar firme?» (Apocalipsis 6:17). Comprender la santidad y la justicia de nuestro Dios nos impulsa a no desmayar frente a las burlas actuales, sabiendo que el Redentor se levantará pronto en favor de Sus hijos escogidos.
La verdadera preparación para estar en pie delante del trono de Dios en aquel día de indignación se cultiva ahora mismo, aceptando el manto de Su justicia por medio de una fe viva. El apóstol Juan nos instruye en sus cartas a permanecer en íntima comunión con el Maestro: «Y ahora, hijitos, permaneced en él, para que cuando se manifieste, tengamos confianza, para que en su venida no nos alejemos de él avergonzados» (1 Juan 2:28). Cada nuevo amanecer es un regalo divino para reafirmar nuestra entrega, deponer todo orgullo oculto y avanzar en el camino de la santificación práctica.
Cuando sientas desfallecer por la presión de las mayorías o la mofa del mundo intente debilitar tus principios bíblicos, recuerda que el tiempo de gracia pronto dará paso al día de la visitación real. Hoy, el Señor te hace un llamado directo a despojarte de toda complacencia espiritual, a buscar Su rostro con profunda humillación y a vivir con la rectitud que caracteriza a los ciudadanos de los cielos. ¿Está tu carácter siendo modelado hoy por el Espíritu Santo de tal manera que, como parte del pueblo remanente, puedas mirar Su rostro con gozo y no con terror en aquel día final?



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