SALMOS 121:1-2: El Intercambio Diario en el Altar de la Gracia | Hugo Lamela

REFLEXIONES DE LA BIBLIA
«Alzaré mis ojos a los montes; ¿de dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra.» (Salmo 121:1-2)
El salmista describe la jornada de los peregrinos que subían a Jerusalén. En los montes se escondían los peligros, los asaltantes y los altares de los dioses falsos. Para el pueblo adventista, este texto es un llamado a apartar la mirada de las amenazas terrenales y fijarla en el trono celestial.
1. La pregunta ante la crisis («¿De dónde vendrá mi socorro?») En los días finales de la historia, las instituciones humanas, la economía y la salud global fallarán. Es fácil caer en la desesperación y mirar a nuestro alrededor buscando respuestas en los líderes políticos o en recursos materiales. Sin embargo, la pregunta del salmista nos obliga a evaluar en qué o en quién tenemos puesta nuestra seguridad.
2. El reclamo de la fe («Mi socorro viene de Jehová…») El socorro divino no es una posibilidad aleatoria; es una certeza absoluta. Como remanente de Dios, nuestra identidad está ligada a la confianza en Sus promesas. Elena de White señala en Joyas de los testimonios que cuando las pruebas nos rodeen, la fe debe elevarse por encima de las circunstancias para aferrarse al poder del Omnipotente. El Señor no es un espectador pasivo; es nuestro pronto Auxiliador.
3. El argumento del Creador («…que hizo los cielos y la tierra.») Esta declaración define la teología adventista: adoramos al Creador. El mismo Dios que instituyó el Sábado como monumento de Su poder creativo es el Dios que nos socorre. Si Su palabra tuvo el poder para diseñar el universo de la nada, esa misma palabra tiene el poder para sostener tu vida, guiar tus pasos y protegerte de las trampas del enemigo. El Creador del macrocosmos se encarga de tu microcosmos.

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