6 de febrero | Devocional: Alza tus ojos |  El Guía más seguro y fiel

«Pero les digo la verdad: les conviene que yo me vaya; porque si no me voy, el Consolador no vendrá a ustedes; pero si me voy, yo se lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justiciay de juicio». Juan 16: 7-8, RVC

CRISTO SABÍA QUE EL ANUNCIO de la venida del Consolador era una verdad maravillosa. Se acercaba el final de su ministerio terrenal, y a la vista de la cruz se percataba de la carga de culpabilidad que iba a tener que sobrellevar como portador del pecado. Sin embargo, su máxima preocupación eran sus discípulos. Buscando consuelo para ellos, les dijo: «Es mejor para ustedes que yo me vaya. Porque si no me voy, el Defensor no vendrá para estar con ustedes; pero si me voy, yo se lo enviaré» (Juan 16: 7,

DHH).

El mal se había estado acumulando durante siglos, y solamente iba a poder ser refrenado y resistido por el formidable poder del Espíritu Santo, la tercera persona de la Divinidad, que vendría, no con energía limitada, sino en la plenitud de la divina potencia. Y es que tenía que enfrentar a otro espíritu, pues la esencia del mal estaba actuando en todas sus formas sometiendo duramente a los seres humanos al cautiverio satánico.

Hoy, como en los días de Cristo, Satanás domina las mentes de muchos. ¡Ojalá esta obra espantosa y terrible pueda ser percibida y resistida! El egoísmo ha pervertido los principios, ha confundido los sentidos y anublado el juicio. ¡Qué extraño resulta, que a pesar de toda la luz que ha estado brillando de la Palabra de Dios, se sostengan ideas tan extrañas, tal separación del espíritu y la práctica de la verdad! […]

Pecados que de vez en cuando fueron señalados, y que el Señor no considera leves, están presentes ante la puerta de muchos. Si la gente tan solo depusiera su actitud de resistencia al Espíritu Santo, él convencería a todo el mundo de pecado. ¡Qué gran cambio se produciría! Por el contrario se ha agraviado al Espíritu de Dios y la luz ha sido rechazada. […]

«El Señor […] no quiere que nadie se pierda, sino que todos se conviertan» y tengan vida eterna (2 Ped. 3: 9, LPH). ¡Ojalá pudiera yo estar segura de que […] mis hermanos captan lo que los principios puros significan para ellos y para todos aquellos con quienes se relacionan, mi corazón saltaría de gozo! […]

Todo aquel que acepta a Jesús como su Salvador personal, anhelará el privilegio de servir a Dios, y con entusiasmo aprovechará cada oportunidad que se le presente de mostrar su gratitud dedicando sus talentos al servicio de Dios.— Carta 8, 6 de febrero de 1896, dirigida «A mis hermanos en los Estados Unidos».

 

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DEVOCIONAL

ALZA TUS OJOS

Elena G. de White

(1427)

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