5 de abril | Devocional: La fe por la cual vivo | La sangre expiatoria de Cristo

Sabiendo que habéis sido rescatados de vuestra vana conversación, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata; sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación. 1 Pedro 1:18,19.

“Sobre Cristo como sustituto y garante nuestro fue puesta la iniquidad de todos nosotros. fue contado por transgresor, a fin de que pudiese redimirnos de la condenación de la ley.”—El Deseado de Todas las Gentes, 686.

“¡Miradle en el desierto, en el Getsemaní, sobre la cruz! El Hijo inmaculado de Dios tomó sobre sí la carga del pecado. El que había sido uno con Dios, sintió en su alma la terrible separación que hace el pecado entre Dios y el hombre. Esto arrancó de sus labios el angustioso clamor: ‘¡Dios mío! ¡Dios mío! ¿por qué me has desamparado?’ fue la carga del pecado, el conocimiento de su terrible enormidad, y de la separación que causa entre el alma y Dios, lo que quebrantó el corazón del Hijo de Dios.”—El Camino a Cristo, 7.

“‘Sabiendo,’ dice San Pedro, ‘que habéis sido rescatados … no con cosas corruptibles, como oro o plata.’ ¡Oh! si con dinero hubiera podido comprarse la salvación del hombre, cuán fácil hubiera sido realizarla por Aquel que dice: ‘¡Mía es la plata, y mío el oro!’ Pero el pecador no podía ser redimido sino por la preciosa sangre del Hijo de Dios.”—El Ministerio de Curación, 486.

“Al derramar todos los tesoros del cielo en este mundo, al darnos en Cristo todo el cielo, Dios ha comprado la voluntad, los afectos, la mente, el alma de cada ser humano.”—Sketches From the Life of  Paul, 297.

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DEVOCIONAL

LA FE POR LA CUAL VIVO

Elena G. de White

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