5 de abril | Devocional: Exaltad a Jesús | Hay que alimentarse del pan de vida

Mi Padre os da el verdadero pan del cielo. Juan 6:32.

Somos bautizados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y estos tres poderes grandes e infinitos se encuentran mancomunadamente comprometidos a trabajar en nuestro favor si tan solamente estamos dispuestos a colaborar con ellos. En el bautismo somos sepultados con Cristo como emblema de su muerte.

Al levantarnos del agua lo hacemos como un símbolo de su resurrección. Necesitamos vivir como almas nacidas de nuevo, para que podamos ser resucitados en el último gran día. De ese modo nos comprometemos a andar en novedad de vida; porque estamos muertos, y nuestra vida está escondida con Cristo en Dios. “Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba,donde está Cristo sentado a la diestra de Dios”. Colosenses 3:1. Es allí donde usted debe colocar su tesoro. El hombre finito no puede creer por usted. Acuda a la gran fuente de poder para obtener sus fuerzas.

La oración de Cristo pronunciada a orillas del Jordán incluye a cada uno de los que creerían en él. La promesa de que es acepto en el Amado es para usted. Aférrese de ella con una fe inconmovible. Dios dijo: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”. Mateo 3:17. Esto significa que Cristo ha abierto un camino a través de la sombra oscura que Satanás ha arrojado sobre su senda, por el cual usted puede llegar al trono del Dios infinito. El se ha asido de una fuerza todopoderosa y usted ha sido aceptado en el Amado.

Se debe honrar a Dios en todo sentido, siendo participante de su naturaleza divina, para tener la seguridad del perdón de los pecados, con lo cual se pueda testificar acerca del amor de Dios. Pero en nuestra experiencia no se observan la afabilidad ni la alegría que deberían haber. Cristo dijo que si permanecemos en él, nuestro gozo será completo. Participemos entonces de la naturaleza divina, habiendo escapado de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia. Entonces, no echemos oprobio sobre Cristo al vivir vidas inconsecuentes, terrenales y sensuales. Elevémonos por encima de la atmósfera insalubre que prevalece en el mundo, y respiremos el aliento de Dios. Alimentémonos del pan de vida.

Cristo declara que si comemos sucarne y bebemos susangre, tendremos vida eterna. Para nosotros su Palabra será como las hojas del árbol de la vida, si creemos en Cristo como nuestro Salvador personal. Si comemos el pan que descendió del cielo, gozaremos de una conexión viviente con Dios. Haremos que la eternidad entre en nuestros planes. Viviremos como si estuviéramos en presencia de toda la hueste celestial. Los ángeles nos vigilan y nos cuidan.

Dios nos ama, pero nosotros somos incapaces de apreciar ese amor. Estamos perdiendo espiritualidad. Dios desea que reconozcamos su propiedad en cada ser humano. El tiene sus posesiones. Son míos, declara. Los he comprado con un precio. “No sois vuestros… glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”. 1 Corintios 6:19-20. ¿Están dispuestos a hacer esto? ¿Orarán con fe? ¿Honrarán a Cristo al creer en su Palabra al pie de la letra.—Manuscrito 144, 1901.

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DEVOCIONAL

EXALTAD A JESÚS

Elena G. de White

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