28 de octubre del 2026 | Devoción Matutina para Adultos 2026 | Defensores de la Justicia y el Amor

«Defended al débil y al huérfano; haced justicia al afligido y al menesteroso». Salmo 82:3 (RV1960)

El Salmo 82 nos lleva a pensar en cómo llevamos nuestra vida espiritual. El pasaje muestra a Dios examinando con seriedad la conducta de quienes gobernaban y guiaban al pueblo. Lejos de cuidar de los más desprotegidos, aquellos líderes se habían dejado llevar por el egoísmo, permitiendo que el abuso y la indiferencia marcaran la sociedad. Este texto nos deja una enseñanza muy clara: la fe que profesamos no se trata solo de asistir a reuniones o cumplir con ciertas tradiciones; se nota de verdad en la manera en que tratamos a las personas que pasan por necesidades y dificultades a nuestro lado.
Cuando el versículo central nos pide defender al débil y hacer justicia al afligido, nos está tocando el corazón de forma directa. En el trajín de cada día, con las carreras del trabajo, las cuentas y los problemas propios, es muy fácil volverse insensible. Pasamos por alto el cansancio de un compañero, la tristeza silenciosa de un vecino o la carga pesada que lleva alguien de la propia familia. Dios nos despierta de esa apatía para invitarnos a mirar a los demás con genuina empatía.
Hacer el bien y actuar con justicia no pide títulos ni grandes recursos. Empieza con detalles muy sencillos: regalar una palabra de ánimo a quien está desanimado, echar una mano cuando alguien sufre una pérdida o apoyar con bondad a quien no tiene quién lo defienda. Al involucrarnos con las luchas de los demás, reflejamos el rostro de un Dios que siempre escucha el clamor de quien sufre y se pone del lado de los indefensos.
Jesús nos dio el ejemplo perfecto de esto mientras caminaba por la tierra. Su vida entera estuvo dedicada a hacer el bien, a dar consuelo a los quebrantados y a levantar a quienes ya no daban más.
Pensando en esa entrega tan hermosa, Elena G. de White anota en El ministerio de curación, capítulo 3, página 31: «El amor de Cristo nos impulsa a trabajar por el bienestar de nuestros semejantes». Cuando dejamos que ese amor guíe nuestros pasos, ayudar al prójimo deja de ser una carga y se convierte en una verdadera alegría.
Acerquémonos hoy al Señor pidiéndole sensibilidad para no hacernos los ciegos ante el sufrimiento ajeno. Abramos los ojos del corazón para ver las oportunidades que nos da cada día de ser una bendición.

Oración:
Padre celestial, danos un corazón compasivo y sensible ante las necesidades de quienes nos rodean. Ayúdanos a no ser indiferentes al dolor ajeno, a practicar la justicia con humildad y a reflejar tu bondad inagotable en cada paso que damos, sintiendo hoy tu presencia que nos envuelve y restaura para acercarnos más a tu corazón. En el nombre de Jesús, Amén.
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DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2026



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