26 de octubre del 2026 | Devoción Matutina para Damas 2026 | Bajo la Luz de su Rostro
«Restáuranos, Señor Dios Todopoderoso; haz resplandecer tu rostro sobre nosotros, y sálvanos». (Salmo 80:19, NVI)
En una esquina olvidada del pasillo, una hermosa planta de hojas verdes comenzó a perder su vitalidad. No le faltaba agua ni buena tierra, pero los días pasaban y sus ramas empezaban a doblarse hacia abajo, perdiendo ese color brillante que antes tenía. Su dueña comprendió lo que ocurría: por más abono que recibiera, la falta de luz directa del sol la marchitaba lentamente. Bastó cambiarla de lugar y colocarla junto a una ventana abierta para que, al cabo de unos días bajo los rayos matutinos, las hojas recobraran su firmeza y volvieran a crecer con fuerza renovada.
El salmista Asaf utilizó esa misma imagen de la naturaleza para describir el dolor de su nación en el Salmo 80. Comparó al pueblo de Dios con una hermosa vid que el Creador había traído con amor desde Egipto, pero que ahora se encontraba dañada, descuidada y pisoteada. Frente a ese cuadro de tristeza, el autor no confió en estrategias humanas ni en alianzas políticas para recuperar la paz. Su clamor fue una súplica sincera por la cercanía divina: «Restáuranos, Señor Dios Todopoderoso; haz resplandecer tu rostro sobre nosotros, y sálvanos» (Salmo 80:19, NVI). El salmista sabía que la salud del alma no depende de nuestras fuerzas, sino de volver a colocarnos bajo la mirada bondadosa del Padre.
Jesús proclamó ese mismo mensaje de restauración al presentarse como la verdadera respuesta para el corazón fatigado: «Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida» (Juan 8:12, NVI). El Salvador no vino a imponer cargas ni a mirar con frialdad nuestra fragilidad, sino a revelarnos la inmensa ternura del Padre celestial. En sus enseñanzas encontramos la certeza de que nadie que acuda a Él queda abandonado a su suerte. Como escribió Elena G. de White: «La luz y el amor del rostro de Cristo son la vida del alma» (El camino a Cristo, cap. 1, p. 11). Al contemplarlo cada mañana, su mirada de amor devuelve la paz a nuestra mente.
A veces nos sentimos exactamente como esa planta que languidece en la sombra. Las exigencias del trabajo, el cuidado continuo de otros o una temporada larga de dificultades pueden desgastar tu energía hasta hacerte sentir apagada por completo. Cumples con todo lo necesario, pero por dentro sientes que perdiste la alegría y caminas agobiada por el cansancio. En lugar de seguir intentando resolverlo todo sola, detente un momento. Acércate a la ventana de la oración y deja que Jesús te mire con su infinito amor; cuando su gracia toca tu corazón, tu espíritu recobra la fuerza y vuelves a florecer.
¿Buscarás hoy en la presencia de Jesús la luz que tu alma necesita para renovarse?
Oración:
Señor mi Dios, hoy reconozco que muchas veces me siento cansada y con el ánimo apagado por las presiones de cada día. Perdóname por intentar resolverlo todo sola y descuidar el tiempo a tus pies. Hoy te pido que restaures mi vida, hagas resplandecer tu rostro sobre mí y me llenes de tu paz. Enséñame a caminar con la seguridad de que tu amor sostiene mis pasos y renueva mis fuerzas, en el nombre de Jesús, Amén.
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