27 de junio | Devocional: Dios nos cuida | Nuestras obligaciones hacia los pobres

Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. Mateo 25:35-36.

Aunque el mundo necesita simpatía, aunque necesita las oraciones y la ayuda del pueblo de Dios, aunque necesita ver a Cristo en la vida de los que le siguen, los hijos de Dios necesitan igualmente oportunidades que atraigan sus simpatías, hagan eficaces sus oraciones y desarrollen en ellos un carácter semejante al Modelo divino.

Para proporcionar estas oportunidades, Dios colocó entre nosotros a los pobres, los infortunados, los enfermos y los dolientes. Son el legado de Cristo a su iglesia, y han de ser cuidados como él los cuidaría. De esta manera, Dios elimina la escoria y purifica el oro, dándonos la cultura del corazón y del carácter que necesitamos.

El Señor podría llevar a cabo su obra sin nuestra cooperación. No depende de nuestro dinero, nuestro tiempo, nuestro trabajo. Pero la iglesia es muy preciosa a su vista. Es el estuche que contiene sus joyas, el aprisco que encierra su rebaño, y anhela verla sin mancha, tacha ni cosa semejante. Siente por ella anhelos de amor indecible. Esta es la razón por la cual nos ha dado oportunidades de trabajar para él, y acepta nuestras labores como prueba de nuestro amor y lealtad.

Al poner entre nosotros los pobres y los dolientes, el Señor nos prueba para revelarnos lo que hay en nuestros corazones. La cultura de la mente y el corazón se lleva a cabo con más facilidad cuando experimentamos una tierna simpatía por los demás, la que nos impulsa a ofrecerles nuestros recursos y privilegios para aliviar sus necesidades…

Las buenas obras nos cuestan un sacrificio, pero es en este mismo sacrificio que proveen disciplina. Estas obligaciones nos producen conflicto con sentimientos y propensiones naturales, y al cumplirlas ganamos victoria tras victoria sobre los rasgos objetables de nuestros caracteres.

El mundo se convencerá no tanto por lo que el púlpito enseña como por lo que la iglesia vive. El predicador anuncia la teoría del Evangelio, pero la piedad práctica de la iglesia demuestra su poder.

*Año bíblico: Salmos 72-77.

DEVOCIONAL DIOS NOS CUIDA

Elena G. de White

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