4 de abril | Devocional: Hijos e Hijas de Dios | La renovación emocional

«Les doy un mandamiento nuevo: Amense unos a otros. Ustedes deben amarse de la misma manera que yo los amo». Juan 13: 34, TLA

JESÚS DICE: «ASÍ COMO yo los he amado, también ustedes deben amarse los unos a los otros» (Juan 13: 34, NBD). El amor no es simplemente un impulso, una emoción pasajera que depende de las circunstancias; es un principio viviente, una fuerza permanente.
El espíritu se alimenta de las corrientes del amor puro que fluyen del corazón de Cristo, una fuente que nunca falla. ¡Cómo se vivifica el corazón, cómo se ennoblecen sus motivos, cómo se profundizan sus afectos, mediante la comunión con Cristo!
Bajo la conducción y la disciplina del Espíritu Santo, los hijos de Dios se aman mutuamente, lealmente, sinceramente y sin fingimiento; son «imparciales y sinceros, y hacen el bien» (Sant. 3: 17, DHH). Y esto se debe a que el corazón queda seducido por Jesús.
Nuestros afectos mutuos surgen de una común relación con Dios. Somos una familia y nos amamos los unos a los otros como él nos amó. Cuando se compara este afecto verdadero, santificado y disciplinado, con la cortesía pretenciosa del mundo, las expresiones carentes de significado de la amistad efusiva son como paja de la era.— Carta 63, 1896.
Amar como Cristo amó significa manifestar abnegación, en todo momento y lugar, mediante expresiones de ternura y una actitud empática. […] El amor genuino es un preciado atributo que se origina en el cielo, y cuya fragancia crece en proporción a la forma en que lo dispensamos a los demás. […]
El amor de Cristo es profundo y ferviente y fluye como una corriente irresistible para todos los que lo aceptan. No hay ni un ápice de egoísmo en su amor.— Manuscrito 17, 1899.

DEVOCIONAL HIJOS E HIJAS DE DIOS
Elena G. de White

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