26 de noviembre | Hijos e Hijas de Dios | Elena G. de White | Avanzando hacia la eternidad

«Ahora vemos de manera indirecta y velada, como en un espejo; pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de manera imperfecta, pero entonces conoceré tal y como soy conocido». 1 Corintios 13:12, NVI

LO ÚNICO DE VERDADERA TRASCENDENCIA que hemos de hacer en este mundo es preparamos para la vida eterna. La educación que empezamos aquí no se concluye en esta vida, sino que ha de proseguir durante toda la eternidad, progresando siempre, sin terminar jamás. La sabiduría y el amor de Dios manifestados en el plan de redención nos serán revelados cada vez más completamente.
El Salvador, al llevar a sus hijos a las fuentes de aguas vivas, les concederá abundantes caudales de conocimiento. Y día tras día las maravillosas obras de Dios, las evidencias de su poder en la creación y sostenimiento del universo, se manifestarán a la mente con nueva belleza. Gracias a la luz que procede del trono, desaparecerán los misterios, y la mente se llenará de admiración ante la sencillez de las cosas que nunca antes habían sido comprendidas.
«Ahora vemos todo de manera imperfecta, como reflejos desconcertantes, pero luego veremos todo con perfecta claridad. Todo lo que ahora conozco es parcial e incompleto, pero luego conoceré todo por completo, tal como Dios ya me conoce a mí completamente» (1 Cor. 13: 12, NTV).— El ministerio de curación, cap. 39, p. 335, adpatado.
Pensemos en lo que significará estudiar durante los siglos eternos bajo la instrucción personal del Maestro de los maestros. En medio de los conflictos actuales y las tentaciones, en este nuestro día de prueba, necesitamos formar caracteres que nos preparen para obtener una vida que se compare con la de Dios.— Carta 264, 1903.
Hemos de tener los ojos puestos en la gloria de Dios, y de esa forma crecer en gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Con cuanto más ahínco y sinceridad busquemos la sabiduría divina, con más firmeza nos afianzaremos en la verdad.— The Youth’s Instructor, 28 de junio de 1894.
Contemplando a Cristo, hablando de él, fijándonos en la belleza de su carácter, «somos transformados de gloria en gloria» (2 Cor. 3: 18). ¿Y qué es la gloria? Es el carácter, que empieza a cambiar de un carácter a otro carácter. Así que hay una obra de purificación que se tiene que ir realizando por medio de la contemplación de Jesús.— Manuscrito 10, 1894

DEVOCIONAL HIJOS E HIJAS DE DIOS
Elena G. de White

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