1 de abril | Devocional: La fe por la cual vivo | El salvador de los hombres

Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados: el castigo de nuestra paz sobre él; y por su llaga fuimos nosotros curados. Isaías 53:5.

“La muerte de Cristo en la cruz fue consumada por su obediencia voluntaria, de lo contrario no hubiera habido ningún mérito en ello; porque la justicia no hubiera castigado en lugar del pecador a un ser inocente que no hubiese estado dispuesto voluntariamente a sufrir la pena.”—The Signs of the Times, 22 de agosto de 1900.

“Jesús vivió, sufrió y murió para redimirnos. Se hizo el ‘Varón de dolores’ para que fuesemos hechos participantes del gozo eterno. Dios permitió que su Hijo amado, lleno de gracia y de verdad, viniese de un mundo de indescriptible gloria a un mundo corrompido y manchado por el pecado, oscurecido por la sombra de la muerte y la maldición. Permitió que dejase el seno de su amor, la adoración de los ángeles, para sufrir vergüenza, insulto, humillación, odio y muerte.”—El Camino a Cristo, 6, 7.

“La amarga copa estaba colmada para que la bebiéramos Nuestros pecados prepararon la poción, pero nuestro querido Salvador apartó la copa de nuestros labios y la bebió él; y en su lugar nos presentó una copa de misericordia, bendiciones y salvación.”— Testimonies for the Church 2:73.

“Podemos regocijarnos en la esperanza…. Por sus méritos tenemos perdón y paz. Murió para lavar nuestros pecados, vestirnos de su justicia, prepararnos para la sociedad del cielo donde podremos vivir en luz por la eternidad.”—Testimonies for the Church 5:316, 317.

 

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DEVOCIONAL

LA FE POR LA CUAL VIVO

Elena G. de White

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