22 de julio | Hijos e Hijas de Dios | Elena G. de White | Sin vacilar

«Pero tiene que pedir con fe, sin dudar nada; porque el que duda es como una ola del mar, que el viento lleva de un lado a otro». Santiago 1: 6, DHH

ALGUNAS PERSONAS NO TIENEN firmeza de carácter. Son como una bola de masilla a la cual se puede apretar y dársele cualquier forma concebible. […] Esta debilidad, esta indecisión e ineficiencia deben ser vencidas. Hay algo de indomable en el carácter del verdadero cristiano que no puede ser modelado ni subyugado por las circunstancias adversas. Los cristianos han de tener un gran valor moral, una integridad que no vacile frente a la adulación, ni al soborno ni a la coacción.— Testimonios para la iglesia, t. 5, pp. 276, 277.

Tenemos un enemigo tremendamente astuto. […] Cuando los seres humanos se entregan para ser esclavos de Satanás, no les manifiesta la enemistad que revela hacia los que llevan el nombre de Cristo, y se entregan al servicio de Dios. Los odia con odio mortal. El sabe que hiere a Jesús al atraerlos bajo el poder de sus engaños, al herirlos, al debilitar su fe. […]

Satanás concede cierto grado de tranquilidad a los que están encadenados como esclavos por sus engaños, pues son sus cautivos voluntarios; pero sus ataques se endurecen cuando el mensaje de misericordia llega a esos esclavos maniatados, y entonces tratan de liberarse de su poder, a fin de estar en condiciones de seguir al verdadero Pastor. […] El conflicto contra Satanás estalla cuando el cautivo comienza a dar tirones de la cadena, y pretende liberarse; porque entonces el instrumento humano empieza a cooperar con las inteligencias celestiales, y la fe se aferra de Cristo.— The Youth’s Instructor, 10 de mayo de 1894.

Mientras nos dejemos llevar por la corriente del mundo, no tendremos necesidad de velas ni de remos. En realidad, es al volvernos decididamente contra la corriente cuando la situación se endurece.— Testimonios para la iglesia, t. 6, p. 134, adaptado.

DEVOCIONAL ADVENTISTA

HIJOS E HIJAS DE DIOS

Elena G. de White

(1840)

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