21 de diciembre | Devocional: Exaltad a Jesús | La fe sencilla nos une con Dios

Consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús. Romanos 6:11.

Hermanos míos, estamos viviendo en un período muy solemne de la historia de la tierra. Nunca es tiempo de pecar; siempre es peligroso continuar en la transgresión; pero en un sentido especial esto es cierto en el tiempo actual. Estamos ahora en los mismos umbrales del mundo eterno, y nuestra relación hacia el tiempo y la eternidad es más solemne que nunca antes. Investigue cada uno su propio corazón, y ruegue que los brillantes rayos del Sol de justicia disipen toda tiniebla espiritual, y limpien de toda contaminación. “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”. Por la fe, al margen de nuestros sentimientos, Jesús, el autor de nuestra salvación, el consumador de nuestra fe, por su preciosa gracia, fortalecerá las facultades morales, y los pecadores pueden considerarse a sí mismos “muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús”. La fe sencilla con el amor de Cristo en el alma, une al creyente con Dios. Mientras se empeña en la batalla como fiel soldado de Cristo, tiene la simpatía de todo el universo leal. Los ángeles ministradores están a su alrededor para ayudarlo en el conflicto, de manera que pueda decir confiado: “El Señor es mi ayudador”, “Jehová es mi fortaleza y mi escudo”; no seré vencido. “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios”.

La sabiduría y el poder infinitos de Dios son ejercidos en nuestro favor. La hueste celestial está peleando ciertamente nuestras batallas en nuestro favor. Siempre está mirando con vivo interés a las almas compradas por la sangre del Salvador. Por el sacrificio de Cristo aprecian el valor del alma humana. Es siempre seguro estar del lado del Señor, no a medias, sino del todo. Es esta obra tibia, indiferente, descuidada, la que separa vuestras almas de Jesús, la fuente de vuestra fortaleza. Sea ésta vuestra oración: “Quítame todo cuanto tengo, déjame sin propiedades, sin honor mundano, sin ninguna cosa, pero que tu presencia me acompañe”. Es seguro encomendar la guarda del alma a Dios, que reina sobre los cielos y la tierra.—Testimonios para los Ministros, 147-148.

Debe haber cabal arrepentimiento, fe en nuestro Salvador Jesucristo, vigilante cuidado, oración incesante y escudriñamiento diligente de las Escrituras. Dios nos tiene por responsables de todo lo que podríamos ser si aprovecháramos nuestros talentos… Toda nuestra influencia pertenece a Dios. Todo lo que adquirimos ha de ser usado para su gloria. Toda la propiedad que el Señor nos ha confiado ha de ser mantenida sobre el altar de Dios, para serle devuelta de nuevo. Estamos decidiendo nuestro propio destino.

Quiera el Señor ayudarnos a todos a ser sabios para la eternidad.—Testimonios para los Ministros, 147.

DEVOCIONAL: EXALTAD A JESÚS

Elena G. de White

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