20 de diciembre | Devocional: Alza tus ojos | “Escudriñad las escrituras”

Y éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así. Hechos 17:11.

Es de poco valor examinar superficialmente las Escrituras. Si hemos de comprender las palabras de Cristo, la reflexión debe acompañar al escudriñamiento de las Escrituras. Debiéramos abrirlas con gran reverencia y no en forma descuidada y desganada. Las palabras de Cristo son espíritu y son vida para el que las recibe. Su amonestación a los fariseos fue: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí”. Juan 5:39. Escudriñaban las Escrituras en busca de evidencias de la aparición del Cristo, reunían toda evidencia relacionada con la manera en la que suponían habría de venir, en tanto Cristo estaba entre ellos y no lo discernían mediante la fe…

En nuestros días, como en los días de Cristo, se entenderá e interpretará erróneamente la Escritura. Si los judíos las hubieran estudiado con corazones piadosos, fervientes y humildes, su escudriñamiento habría sido recompensado no solamente con un verdadero conocimiento del tiempo, sino también de cómo se produciría la primera aparición de Cristo. No habrían atribuido las glorias de la segunda venida de Cristo a la primera. Tenían el testimonio de Daniel, de Isaías y de otros profetas; tenían las enseñanzas de Moisés; Cristo mismo estaba en medio de ellos, y continuaban escudriñando las Escrituras en busca de alguna evidencia de su venida. Al mismo tiempo, hacían con Cristo lo que se había profetizado que harían. Estaban tan enceguecidos que no conocieron el tiempo de su visitación ni lo que estaban haciendo. Así cumplieron la Escritura.

Muchos hacen lo mismo hoy… debido a que no han experimentado el mensaje de los tres ángeles. Hay quienes escudriñan las Escrituras en busca de pruebas de que estos mensajes están todavía en el futuro. Reconocen la veracidad de los mensajes, pero fracasan en ponerlos en el lugar que les corresponde en la historia profética y confunden a la gente. No perciben ni comprenden el tiempo del fin, ni dónde colocar estos mensajes. El día de Dios se aproxima con pasos furtivos, pero los hombres supuestamente sabios y grandes hablan de una “educación superior”, que suponen se origina en las mentes finitas. No distinguen las señales de la venida de Cristo o del fin del mundo. El centinela debe conocer en qué momento de la noche está. Todo se reviste ahora con una solemnidad que los que creen la verdad deben percibir y sentir…

En este tiempo, las pequeñeces de la vida no son sino una mota. Lo que atañe a la eternidad es de la mayor importancia.—Manuscrito 41a, del 20 de diciembre de 1896, sin título.

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DEVOCIONAL: ALZA TUS OJOS

Elena G. de White

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