18 de junio | Devocional: Alza tus ojos | La sabiduría humana es locura

Oh Jehová, ¿Qué es el hombre, para que en él pienses, o el hijo de hombre, para que lo estimes? Salmos 144:3.

El Señor tiene un lugar para cada hombre y para cada mujer, sean jóvenes, adultos o ancianos. Cuando los hombres y las mujeres encuentren su lugar, se hará una obra para el Señor que todavía no se ha hecho. Una gran debilidad ha sobrevenido al pueblo de Dios porque… algunos han dejado al Señor Jesús y en sus vidas han puesto a un lado su Espíritu, su amor y su rica gracia. Han elevado sus almas a la vanidad, y han hecho planes basados en la sabiduría humana, suponiendo que el talento humano debía ser su fortaleza. De esta manera atraen sobre sí debilidad y perplejidad. Dependiendo de la humanidad, olvidan que los hombres y las mujeres son finitos, que se equivocan, que son egoístas por naturaleza y que sus planes seguramente están mezclados con escorias.

Los seres humanos más talentosos -hombres y mujeres dotados de mentes amplias y comprensión profunda, de elevada cultura y educación, que están en el mundo como gobernantes- son, comparados con Dios, apenas infantes en la comprensión de las cosas eternas. Y debido a que tienen un conocimiento tan limitado de Dios, a que saben tan poco de sus caminos, de su mente y de su carácter, están en peligro de endiosarse a ellos mismos…

Los que no son conscientes de la grandeza de Dios y de su omnipotencia, tratarán de presentarse a sí mismos como grandes y sabios, cuando en realidad son sencillamente nada. A la vista de Dios son como niñitos que no pueden caminar solos, y sin embargo se sienten plenamente competente para manejar los más grandes problemas. Suponen que si pueden unir y consolidar sus talentos, ello redundará en un gran éxito. Pero cuanto mayor sea el número de los que así se unen, mayor será el fracaso resultante, a menos que traten de conocer y comprender a Dios. No son los Números obtenidos por medio de estas uniones los que llevan al hombre a estar en armonía con el cielo.

Hay muchos, muchísimos que, sin experiencia ni capacidad de razonar, imaginan que son suficientemente sabios como para realizar cualquier cosa que desean hacer. Ante Dios, su sabiduría es locura. Necesitan recordar que son solamente niños en sabiduría, y que antes que puedan conocerse a sí mismos deben aprender de Dios.

Dios es nuestro Padre, y enseñará a todo aquel que, comprendiendo que su sabiduría humana es locura, acuda a El. Al aferrarse de su fuerza y tener paz con él, viviendo por su Palabra, Dios unirá su fortaleza con la debilidad de ellos, su conocimiento con su ignorancia, robusteciéndolos en El. Les brindará el cuidado que se adapte a sus necesidades. Los que confían en El como su Maestro no tropezarán ni caerán.— Manuscrito 88, del 18 de junio de 1902, “Una obra mundial”.

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DEVOCIONAL

ALZA TUS OJOS

Elena G. de White

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