10 de septiembre | La fe por la cual vivo | Elena G. de White | Una sociedad provechosa

Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia; y él es el que da la salud al cuerpo. Efesios 5:23.

“El Señor ha establecido que el esposo sea cabeza de la esposa para ser su protector; él es el vínculo de la familia que une a todos los miembros, así como Cristo es la cabeza de la iglesia y el Salvador del cuerpo místico. Que cada esposo que pretende amar a Dios considere diligentemente los requisitos de Dios para su posición. La autoridad de Cristo se ejerce en sabiduría, bondad y amabilidad; del mismo modo el esposo debe ejercer su poder e imitar a la Cabeza de la iglesia.”—The Adventist Home, 215.
“El esposo debiera recordar que la mayor parte de la carga de criar y dirigir a los hijos descansa sobre la madre…. Esto debiera despertar sus más tiernos sentimientos e inducirlo a tratar de aligerar esta carga. Debiera animarla a descansar en su gran afecto.”—Testimonies for the Church 1:307.
“Ni el marido ni la mujer deben pensar en ejercer gobierno arbitrario uno sobre otro. No intentéis imponer vuestros deseos uno a otro. No podéis hacer esto sin perder el amor mutuo. Sed ambos benignos, sufridos, corteses y llenos de consideraciones uno para con otro. Mediante la gracia de Dios podéis realizar la felicidad uno de otro, tal como lo prometisteis al casaros.”—El Ministerio de Curación, 339.
“El matrimonio es una unión para toda la vida, es un símbolo de la unión entre Cristo y su iglesia. El espíritu que Cristo manifiesta hacia su iglesia es el que marido y mujer deben manifestar el uno hacia el otro.”—The Adventist Home, 95.

DEVOCIONAL LA FE POR LA CUAL VIVO
Elena G. de White

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