Sábado 3 de octubre del 2026 | Devoción Matutina para Damas 2026 | El Propósito que no se Apaga
«Clamo al Dios Altísimo, al Dios que cumplirá su propósito en mí». (Salmo 57:2, NTV)
Al entrar a la habitación de su hijo mayor para ordenar unos libros, Silvia encontró en un cajón un dibujo infantil de la Escuela Sabática con un versículo escrito con letras torcidas. Ver aquel recuerdo la llenó de tristeza; aquel niño ahora era un joven distante que ya no quería ir a la iglesia y que apenas cruzaba palabra al llegar a casa. Por un instante sintió el impulso de llamarlo para reprocharle sus actitudes y desahogar su frustración; sin embargo, prefirió guardar silencio, se arrodilló en el suelo y decidió cambiar los reclamos por la oración, recordando que Dios todavía tenía un propósito para él.
En el fondo frío y oscuro de una cueva, David enfrentó una incertidumbre parecida al escribir el Salmo 57. Perseguido sin descanso por Saúl, sin ver la corona prometida y sintiendo que todo se venía abajo, el salmista no se dejó vencer por el desánimo. En lugar de amargarse, abrió su corazón a Dios con total sinceridad: «En ti se refugia mi alma; al abrigo de tus alas me refugiaré hasta que pasen las calamidades» (Salmo 57:1, NVI). David comprendió que los momentos oscuros no pueden destruir los planes de Dios, porque el Señor siempre cumple lo que promete.
Durante su ministerio terrenal, Jesús comprendió bien el dolor de ver tambalear a quien se ama. Con profunda compasión, le advirtió a Pedro cuando su fe estuvo a punto de flaquear: «Simón, Simón, mira que Satanás ha pedido zarandearlos como a trigo; pero yo he rogado por ti, para que tu fe no falle» (Lucas 22:31-32, NVI). El Maestro nos enseña que cuando las personas que amamos se confunden o tropiezan en su andar, nuestras oraciones pueden llegar a donde las palabras ya no alcanzan. Cristo no se olvida de los nuestros; vela por ellos con paciencia y sigue obrando en silencio en su corazón. Elena G. de White subraya el inmenso valor de la oración en el hogar:
«Las oraciones de las madres cristianas no son desatendidas por Dios […]. Él no rechazará sus ruegos ni abandonará a sus hijos en el día de la tentación» (Conducción del niño, p. 497).
Ver a un hijo alejarse de la fe o desinteresarse por las cosas de Dios es una de las cargas más pesadas para una madre. Sin embargo, no te desgastes en discusiones que solo terminan en disgustos o en reproches que levantan barreras. Cuando sientas que ya hablaste suficiente y que nada cambia, no te rindas; intensifica tus oraciones a solas. Confía en que el Señor conoce el momento oportuno para hablarle y sabrá tocar su corazón.
¿Decidirás hoy entregar el futuro de tus hijos en las manos de Dios, confiando en que Él cumplirá su propósito?
Oración:
Padre bueno, gracias porque tus promesas nunca fallan. Hoy pongo en tus manos a mi familia, especialmente a mis hijos que están indecisos o lejos de ti. Perdona mi impaciencia y las veces que he querido resolver las cosas a mi manera. Cuídalos dondequiera que estén, habla a sus conciencias con ternura y recuérdame que tu amor los sigue buscando cada día, en el nombre de Jesús, Amén.
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DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2026
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