Sábado 26 de septiembre del 2026 | Devoción Matutina para Damas 2026 | Un Regalo para el Corazón

«Haz que tu ofrenda a Dios sea la gratitud y cumple los votos que le has hecho al Altísimo». (Salmo 50:14, NTV)

En las mañanas de cosecha en las aldeas de Galilea, una mujer preparaba con esmero una canasta de sauce para recoger las primicias de su huerto. Aquel sencillo cesto no requería adornos costosos para ser aceptado; apenas contenía higos frescos y uvas maduras. La belleza de la ofrenda residía en el afecto sincero y en la alegría de saber que el Señor cuidaba de su sustento. Al Padre celestial no le importaba el lujo exterior, sino el agradecimiento genuino de quien lo entregaba.
A muchas de nosotras nos pasa algo parecido en la iglesia. Nos llenamos de responsabilidades y tareas, y casi sin darnos cuenta terminamos agotadas por la prisa. Corremos coordinando detalles y atendiendo compromisos, pero llegamos a casa sintiendo un vacío. En el Salmo 50, Dios nos habla con ternura a todas las que vivimos cansadas de cumplir: «Quien me ofrece su gratitud me honra; al que enmiende su conducta le mostraré mi salvación» (Salmo 50:23, NVI). El Señor nos recuerda con paciencia que a Él le pertenece el mundo entero y que no busca que nos desgastemos para ganar su cariño. Lo que Él desea de ti no es una lista interminable de deberes, sino tu gozo de estar cerca de Él.
Jesús lo enseñó con amor. Cuando sanó a diez leprosos, todos corrieron a buscar a los sacerdotes, pero solo uno frenó su marcha: «Uno de ellos, al verse curado, regresó alabando a Dios a grandes voces. Cayó rostro en tierra a los pies de Jesús y le dio las gracias» (Lucas 17:15-16, NVI). Aquel extranjero entendió lo más importante: detenerse a los pies del Maestro para agradecer. Elena G. de White subraya el poder de la alabanza para cuidar la salud emocional:
«Nada tiende más a fomentar la salud del cuerpo y del alma que un espíritu de agradecimiento y alabanza […]. Es un deber positivo resistir a la melancolía y a los pensamientos y sentimientos descontentos, tanto como lo es orar» (El ministerio de curación, p. 195).
«No es la cantidad de trabajo realizado o sus resultados visibles, sino el espíritu con que se hace la obra lo que le da valor ante Dios» (Palabras de vida del gran Maestro, p. 331).
Querida amiga, Dios no te pide que te agotes para aceptarte. Si hoy sientes que tus tareas apagaron tu alegría, respira hondo. Jesús no busca tu cansancio; Él quiere verte en paz. Tómate un momento a solas con Él y dile gracias por las bendiciones sencillas. Cuando la gratitud llena el alma, las fuerzas vuelven y el gozo renace.
¿Te tomarás hoy unos minutos para descansar en la presencia de Jesús antes de seguir con tus tareas?

Oración:
Señor Jesús, hoy abro mi corazón delante de ti porque me siento cansada de tantas exigencias. A veces me afano haciendo cosas en la iglesia y me olvido de disfrutar de tu compañía. Perdóname por dejar que mi devoción se vuelva una rutina de obligaciones. Ayúdame a detenerme, devuélveme la alegría de un corazón agradecido y enséñame a descansar en tu gracia, en el nombre de Jesús, Amén.
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