Lunes 15 de diciembre 2025 | Devoción Matutina para Damas 2025

DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2025 POSDATA: Más feliz en Cristo Sayli Guardado Lecturas Devocionales para Mujeres 2025

DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2025
POSDATA: Más feliz en Cristo
Sayli Guardado
Lecturas Devocionales para Mujeres 2025

El pozo de Jacob

«Allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, cansado del camino, se sentó junto al pozo. Era cerca del mediodía» (Juan 4: 6).

En Wimberley, Texas (Estados Unidos), hay un lugar llamado «El pozo de Jacob». Es un manantial de 40 metros de profundidad que consta de sistemas de cuevas y acuíferos subacuáticos, los cuales atraen a muchos turistas y buzos. De ese pozo manan aguas limpias y puras, y las cuevas representan un desafío para los amantes de los deportes extremos. Sin embargo, la peligrosidad del manantial se ha cobrado la vida de al menos ocho personas que, en busca de aventuras, encontraron en las cuevas una muerte prematura.
Entre los montes Gerizim y Ebal se encuentra otro pozo de Jacob. Este pozo era la fuente de aguas limpias y puras de los habitantes de Samaria. A él, acudían las mujeres a buscar agua para sus familias, pero una en especial iba al pozo cuando no había nadie que la molestara. Cierto día, junto al pozo descansaba un hombre que había ido a buscarla. Aunque ella no lo sabía, Jesús no estaba allí por casualidad.
La conversación la hemos leído en repetidas ocasiones, pero probablemente hasta hoy no nos hemos detenido a pensar con profundidad en las palabras de Jesús: «El que bebe del agua que yo le daré no volverá a tener sed» (ver Juan 4: 13). Aquella mujer era un alma que moría lentamente, sumergida en la soledad y el desamor. No sentía motivos para vivir, pero, al tener su encuentro con el Maestro en el pozo de Jacob, descubrió la verdadera fuente de perdón y vida.
El fascinante pozo de Jacob que se encuentra en Texas está catalogado como uno de los más peligrosos del mundo; en contraste, el otro pozo de Jacob ofreció a la mujer samaritana la más maravillosa experiencia restauradora. La buena noticia es que no tienes que ir a Palestina. El pozo de Jacob donde Jesús espera por ti está aquí mismo: tu lugar de oración puede convertirse en ese pozo del cual mana agua de vida para vida.
Esta reflexión de esta mañana no es casualidad. Si la estás leyendo es porque Jesús tenía una cita contigo. Cuéntale todo al Maestro. Aunque él ya lo sabe todo, la restauración y el perdón solo vienen después de una confesión sincera.
En la vida existen dos pozos: uno ofrece placer y muerte, el otro ofrece paz y vida. ¿A cuál irás?

Posdata: Feliz por el agua de vida.
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