Jueves 8 de septiembre 2022 | Devoción Matutina para Menores 2022

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Los mil ¿fracasos? de Thomas A. Edison

«Así que sigo adelante, hacia la meta, para llevarme el premio que Dios nos llama a recibir por medio de Jesucristo». Filipenses 3:14, TLA

¿Te suena el nombre de Thomas A. Edison? Si no lo conoces, te invito a encender y apagar varias veces la luz en donde te encuentres. ¿Eso te da una pista? ¡Él fue quien inventó la primera lámpara eléctrica que duraba más tiempo encendida!
Edison no fue el primero ni el único en inventar la lámpara eléctrica. Las lámparas incandescentes ya existían varios años antes. El problema con esas lámparas era que su duración era muy corta, porque el calor que emitía la luz en contacto con el oxígeno terminaba fundiendo los filamentos y quemándolos. Hubo otro inventor, un inglés llamado Walter de la Rué, que perfeccionó la idea en un laboratorio, y creó una lámpara con filamentos de platino y una bomba que succionaba el oxígeno creando un vacío. El problema con esa lámpara era su elevado costo, lo que hacía imposible fabricar lámparas de manera masiva. Y aquí entra en acción nuestro amigo Thomas. Él tenía dos desafíos: encontrar un material económico para crear un filamento que no se fundiera por el calor de la luz, y encontrar la manera de sellar al vacío el cristal de la lámpara para evitar el contacto con el oxígeno. Así que ¡manos a la obra! Probó muchos materiales para los filamentos: vegetales, minerales, animales… Y todos parecían fracasar.
Se dice que antes de que lograra crear la lámpara «exitosa», realizó alrededor de mil intentos fallidos. ¡Mil! Una vez alguien le preguntó si no se cansó de «fracasar» tantas veces, y él respondió: «No fueron mil intentos fallidos, fue un invento de mil pasos. ¿Fracaso? No sé de qué me hablas. En cada descubrimiento, me enteré de un motivo por el cual una lámpara no funciona. ¡Ahora ya sé mil maneras de no hacer una lámpara!».
Finalmente su perseverancia tuvo su premio: en 1880, el científico había obtenido una lamparilla de 16 vatios con un filamento de carbón que duraba encendida hasta mil quinientas horas. Gracias a él, hoy tú y yo disfrutamos de noches iluminadas por brillantes lámparas.
Te invito a leer el versículo de hoy. Solo los perseverantes lograrán el premio de la vida eterna que nos regala Jesús. Si para Edison valieron la pena los mil intentos para fabricar una lámpara, ¿cuánto más valdrá seguir perseverando hacia la meta de la vida eterna?

Gabriela

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(2004)

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