Jueves 15 de octubre del 2026 | Devoción Matutina para Adultos 2026 | La Alabanza que Glorifica a Dios

«Alabaré yo el nombre de Dios con cántico, lo engrandeceré con alabanza». Salmo 69:30 (RV1960)

El Salmo 69 se levanta como un clamor profundo y angustioso donde el salmista describe sentirse sumergido en aguas profundas donde no hay dónde hacer pie (Sal. 69:1-2). En medio de sufrimientos indecibles, rechazo inmerecido e insultos que quebrantan su alma, el suplicante reconoce que sus ojos han desfallecido de tanto esperar a su Dios (Sal. 69:3, 20). Sin embargo, a medida que la oración avanza a través del dolor, se produce una hermosa transformación en el espíritu de la plegaria. La mirada angustiada se eleva por encima de las circunstancias adversas para contemplar la fidelidad inquebrantable del Señor, culminando en la certeza firme de que Dios oye a los menesterosos y no desprecia a sus prisioneros (Sal. 69:33).
Esta transición de la queja angustiada a la confianza serena nos revela una enseñanza vital para nuestro caminar cotidiano de fe. Con frecuencia nos encontramos en situaciones donde el dolor físico, la angustia emocional o la incomprensión de quienes nos rodean amenazan con sofocar nuestra confianza en el Creador. No obstante, las Sagradas Escrituras nos muestran que el sufrimiento no tiene la palabra final en la vida del creyente. La adoración verdadera no es un mero reflejo emocional cuando todo marcha bien, sino una decisión consciente de exaltar el carácter santo de Dios aun en medio de los momentos más oscuros de la existencia.
Por esta razón, el versículo clave exclama con absoluta determinación: «Alabaré yo el nombre de Dios con cántico, lo engrandeceré con alabanza». Exaltar al Señor en la aflicción reconoce su soberanía por encima de cualquier tribulación pasajera. Esta gratitud sincera y reverente resulta mucho más agradable ante los ojos del Altísimo que las ceremonias externas o los sacrificios rituales desprovistos de entrega, porque brota de un corazón humilde que confía plenamente en su gracia sustentadora.
Las Escrituras reafirman este espíritu de entrega incondicional al exhortarnos en Habacuc 3:17-18: «Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales; con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación». Elegir el reconocimiento a Dios en la prueba transforma la aflicción en un testimonio vivo de la suficiencia divina.
Elena G. de White resalta con singular profundidad el poder espiritual de la gratitud al señalar que «si educáramos nuestro corazón y nuestra mente para alabar más a Dios, nuestro espíritu se llenaría de paz y gozo; el hábito de la gratitud ahuyenta el desánimo y fortalece la fe» (El camino a Cristo, p. 103).
Ofrezcamos hoy un canto sincero al Creador, reconociendo su grandeza y su fidelidad por encima de cualquier circunstancia que nos rodee.

Oración:
Padre celestial, te pedimos que en medio de la aflicción nos concedas la gracia de alabar tu santo nombre. Eleva nuestros ojos hacia tu fidelidad y llena nuestro corazón de una gratitud sincera que te glorifique en todo momento. En el nombre de Jesús, Amén.
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DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2026
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