Domingo 25 de octubre del 2026 | Devoción Matutina para Damas 2026 | El Abrazo de la Compasión
«No nos tomes en cuenta los pecados de nuestros antepasados; que venga pronto a nuestro encuentro tu compasión, porque estamos totalmente abatidos». (Salmo 79:8, NVI)
Mariana guardaba en el estante más alto del armario una caja llena de platos desportillados que pertenecieron a su abuela. Aunque estaban manchados y ya no servían para poner la mesa, le costaba deshacerse de ellos por conservar el recuerdo familiar. Una tarde, mientras los acomodaba entre el polvo, se detuvo a mirar lo que hacía. En ese instante entendió lo que le pasaba por dentro: llevaba años haciendo lo mismo con su vida, cargando pleitos de otros, rencores viejos y culpas que ni siquiera eran suyas.
El pueblo de Israel experimentó un cansancio muy parecido cuando Asaf escribió el Salmo 79. Al contemplar a Jerusalén en ruinas y sufrir las consecuencias de tantas malas decisiones del pasado, el salmista no se puso a buscar culpables ni se encerró en el desánimo. Acudió a Dios con total franqueza y le abrió el corazón: «No nos tomes en cuenta los pecados de nuestros antepasados; que venga pronto a nuestro encuentro tu compasión, porque estamos totalmente abatidos» (Salmo 79:8, NVI). Asaf reconoció que ya no tenían fuerzas para continuar y rogó por lo único que podía sanar su historia: el perdón sincero y la ternura divina.
Jesús mostró esa misma misericordia viva cuando estuvo en esta tierra. Un grupo de hombres le llevó una mujer sorprendida en una falta, buscando avergonzarla delante de todos para que fuera apedreada. El Maestro no le sacó en cara sus caídas pasadas ni se unió a las voces que la juzgaban con dureza. Al contrario, con profunda delicadeza, le devolvió la dignidad: «Tampoco yo te condeno. Vete ahora y no vuelvas a pecar» (Juan 8:11, NVI). Cristo no vino a recordarte tus errores ni a cobrarte deudas familiares. Como escribió Elena G. de White: «El Señor está lleno de piedad y compasión; su corazón de amor infinito se conmueve ante nuestras tristezas» (El camino a Cristo, cap. 6, p. 54).
A muchas mujeres nos ocurre algo similar: vivimos con el temor constante de repetir las heridas de nuestro hogar de origen. Tal vez creciste donde abundaban los gritos, silencios fríos o reproches continuos, y hoy te descubres reaccionando igual con tus hijos o con tu esposo. Te asusta pensar que estás condenada a repetir lo que viste de pequeña. Sin embargo, la promesa del cielo es clara hoy para ti. Jesús no te pide cuentas por las fallas de tus antepasados ni te exige llevar mochilas pesadas que no son tuyas. Su compasión infinita rompe cualquier ciclo de dolor y te regala la hermosa libertad de construir un hogar lleno de paz.
¿Entregarás hoy a Jesús esas cargas familiares para vivir en la libertad de su perdón?
Oración:
Señor, reconozco que muchas veces me he sentido cansada de cargar con culpas y temores que vienen de mi pasado. Perdóname cuando dudo de tu misericordia y me castigo por cosas que tú ya perdonaste. Te pido que tu compasión me alcance hoy, sane las memorias tristes de mi hogar y me ayude a tratar a los míos con paciencia y dulzura. Lléname de tu paz y guíame en cada paso, en el nombre de Jesús, Amén.
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DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2026
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