Domingo 11 de octubre del 2026 | Devoción Matutina para Adultos 2026 | La Coronación del Año
«Tú coronas el año con tus bienes; y tus nubes destilan gordura». Salmo 65:11 (RV1960)
El Salmo 65 nace como un magnífico himno de alabanza y gratitud que contempla la generosidad inagotable de Dios tanto en la naturaleza como en la vida de su pueblo. En sus versículos iniciales, el salmista reconoce que el silencio es alabanza para el Creador en Sión y que Él es quien escucha la oración, un privilegio inmerecido que atrae a la humanidad hacia su presencia (Sal. 65:1-2). Al avanzar, el poema describe cómo Dios afirma los montes con su poder, sosiega el estruendo de los mares y llena de asombro los confines de la tierra mediante sus maravillas (Sal. 65:6-8). Esta obra creadora culmina de forma conmovedora cuando el Señor visita la tierra, la riega en abundancia con arroyos y ablanda los surcos para hacer germinar la cosecha (Sal. 65:9-10).
Este despliegue de providencia nos enseña una verdad profunda acerca del cuidado constante de nuestro Padre celestial a lo largo de las diversas etapas de la existencia. A menudo caminamos por temporadas de escasez, incertidumbre o desgaste donde el horizonte parece estéril. No obstante, la Escritura nos recuerda que la fidelidad divina no depende de las circunstancias cambiantes, sino de su misericordia perenne. El propio texto bíblico anticipa esta hermosa realidad al declarar que los collados se ciñen de alegría y los pastos se visten de rebaños (Sal. 65:12-13), mostrando que cada ciclo de prueba encuentra su respuesta segura en la bondad del Altísimo.
Por esta razón, el versículo clave declara con gozo: «Tú coronas el año con tus bienes; y tus nubes destilan gordura». La gratitud genuina del creyente no brota únicamente de la abundancia material, sino de la convicción firme de que cada día está sostenido por la mano amorosa de Dios. Terminar o coronar un ciclo con sus bienes significa reconocer que su gracia ha cubierto nuestras faltas y que su provisión jamás nos ha abandonado, ni siquiera en medio de las pruebas más difíciles.
Las Sagradas Escrituras refuerzan esta confianza al exhortarnos en Filipenses 4:6-7: «Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús». Cuando el alma aprende a dar gracias en todo tiempo, la queja se transforma en una profunda y renovadora alabanza.
Elena G. de White nos anima maravillosamente al señalar que «nuestro Padre celestial tiene un millón de formas de proveer para nuestras necesidades, de las cuales nada sabemos; los que aceptan las simples disposiciones de su palabra confían en él y dejan sus cargas en sus manos» (El ministerio de curación, p. 381).
Acerquemos hoy nuestra gratitud al Creador, seguros de que su amor corona nuestra vida de favores eternos.
Oración:
Padre celestial, te damos gracias porque tus bondades se renuevan cada mañana. Ayúdanos a reconocer tu providencia constante y llena nuestro corazón de una gratitud sincera que refleje tu amor inagotable. En el nombre de Jesús, Amén.
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DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2026
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