6 de septiembre del 2026 | Devoción Matutina para Adultos 2026 | El gozo que amanece tras la noche oscura

«Porque un momento será su ira, pero su favor dura toda la vida. Por la noche durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría» (Salmo 30:5, RV1960).

Durante el invierno, un jardinero poda con paciencia las ramas secas de sus rosales. Al mirar el arbusto recién cortado, cualquiera pensaría que la planta quedó dañada y sin vida. Sin embargo, ese corte a tiempo cuida al tallo del frío y lo prepara para recibir nueva fuerza. Cuando llega el calor de la primavera, de esas mismas ramas brotan hojas frescas y flores llenas de vida y hermoso color. Lo que a simple vista parecía una pérdida era en realidad el comienzo necesario para una nueva floración.
El Salmo 30 es el cántico de David tras salir de una grave enfermedad que casi lo lleva a la tumba: «Te glorificaré, oh Jehová, porque me has elevado, y no permitiste que mis enemigos se alegraran de mí. Jehová Dios mío, a ti clamé, y me sanaste» (Salmo 30:1-2). El rey reconoce con sinceridad que, cuando todo marchaba bien, creyó que nada lo movería jamás. Pero al verse postrado en cama, entendió que toda su seguridad dependía únicamente de la misericordia de Dios: «Has cambiado mi lamento en baile; desataste mi cilicio, y me ceñiste de alegría» (Salmo 30:11).
Cuidar a un familiar enfermo en casa, recibir una mala noticia del médico o despedir a un ser querido trae momentos muy duros para cualquier persona. En esos días de tristeza, el cansancio se acumula, la fe se pone a prueba y podemos perder la tranquilidad en el hogar y en el trabajo diario. Llegamos a pensar que la prueba nunca terminará y que el Señor se ha olvidado de nuestras oraciones.
Durante su paso por esta tierra, Jesús se acercó siempre a quienes sufrían para devolverles la esperanza y el ánimo. Con profundo amor, tomó la mano de la hija de Jairo para devolverle la vida, sanó con su toque al leproso que vivía apartado y detuvo un entierro en el pueblo de Naín para devolverle el hijo a una madre que lloraba desconsolada: «Y cuando el Señor la vio, se compadeció de ella, y le dijo: No llores» (Lucas 7:13). Hoy, Cristo intercede por nosotros en el santuario celestial, y la bendita esperanza nos recuerda que muy pronto regresará para terminar con la muerte, las enfermedades y toda causa de llanto para siempre.
Elena G. de White nos consuela con estas palabras:
«A menudo el Señor permite que pasemos por el fuego de la aflicción para purificarnos; pero no se complace en vernos sufrir. […] Dios es demasiado sabio para equivocarse, y demasiado bueno para retener una bendición de los que andan en integridad» (El ministerio de curación, p. 199).
Aceptar la paz de Dios hoy significa poner las cargas en manos de Jesús, acompañar con cariño a quienes sufren y vivir con gratitud en el hogar, en el empleo y en la iglesia.
Los días difíciles no durarán para siempre. ¿Pondrás hoy tu tristeza en las manos del Salvador para que su amor renueve tu fe y tu gozo?

Oración:
Amado Padre celestial, gracias porque tu bondad dura toda la vida y nunca nos dejas solos en los momentos difíciles. Te entrego mis penas, mis temores y mi cansancio. Fortalece mi fe en este día y ayúdame a llevar tu paz a mi familia y a quienes me rodean. En el nombre de Jesús, amén.

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DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2026



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