29 de agosto del 2026 | Devoción Matutina para Adultos 2026 | Del quebranto del madero a la adoración eterna

«Se acordarán, y se volverán a Jehová todos los confines de la tierra, y todas las familias de las naciones adorarán delante de ti» (Salmo 22:27, RV1960).

En el invierno más riguroso de las estepas, ciertas semillas deben permanecer sepultadas bajo capas de nieve helada antes de poder brotar. Parecen inertes y olvidadas en la oscuridad de la tierra, pero ese período de silenciosa prueba es la condición indispensable para que, al llegar la primavera, los campos se cubran de vida y espigas doradas. Lo que parecía el fin de la semilla era en realidad el comienzo de una cosecha abundante.
El Salmo 22 es la descripción profética más conmovedora del sufrimiento del Salvador. Comienza en el abismo de la angustia: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?» (Salmo 22:1a), clamor que resonó en las tinieblas del Gólgota cuando Jesús llevó sobre Sí la culpa de la humanidad. El texto detalla con asombrosa exactitud el escarnio de la multitud, la sed lacerante, las manos y los pies horadados y el reparto de sus vestiduras (Salmo 22:16, 18). Sin embargo, el cántico no concluye en la tumba; da un giro majestuoso hacia la victoria y el triunfo de la redención.
Ante las aflicciones personales y los momentos de soledad, a menudo caemos en el desánimo o dudamos del cuidado divino. Nos concentramos en el dolor del momento y olvidamos que el sufrimiento nunca tiene la última palabra para los hijos de Dios. Aquel que bebió la copa más amarga comprende cada una de nuestras lágrimas y nos sostiene en las horas difíciles.
El fruto de la cruz no fue el silencio ni el fracaso, sino la salvación universal. Por los méritos de Cristo, pueblos de todas las latitudes volverán sus ojos al Creador, porque «de Jehová es el reino, y él regirá las naciones» (Salmo 22:28). La revelación profética nos asegura que las pruebas de este mundo darán paso a la reunión de una multitud redimida que adorará por la eternidad ante el trono de Dios (Apocalipsis 7:9).
Elena G. de White destaca el consuelo que sostuvo al Maestro en Su sacrificio:
«Mirando hacia el futuro a través de los siglos, Jesús vio el fruto de la angustia de su alma, y quedó satisfecho. Por la visión del rescate de una raza caída, soportó la cruz y menospreció el oprobio» (El Deseado de todas las gentes, p. 706).
Saber que el amor de Jesús alcanza hasta los confines de la tierra nos impulsa a compartir hoy su mensaje con bondad, testificando de Aquel que transformó la muerte en vida eterna.
El sacrificio de la cruz garantiza que tu prueba actual no es el final de tu historia. Que la certidumbre de la victoria de Cristo afirme hoy tu corazón en santa esperanza y gozo perenne.

Oración:
Padre amado, gracias por el inmenso amor revelado en el Calvario por mi salvación. Cuando la prueba y la tristeza intenten desanimarme, ayúdame a fijar mis ojos en la victoria de Jesús y a compartir tu gracia con quienes sufren a mi alrededor. Guarda mi corazón en tu paz. En el nombre de Jesús, amén.
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DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2026



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