28 de agosto del 2026 | Devoción Matutina para Adultos 2026 | La corona de la gracia y el cántico de gratitud

«Engrandécete, oh Jehová, en tu poder; cantaremos y alabaremos tu poderío» (Salmo 21:13, RV1960).

Cuando el explorador Ernest Shackleton regresó a salvo junto a su tripulación tras quedar atrapados durante meses en los hielos antárticos, los hombres no elogiaron sus propias destrezas de supervivencia. En sus diarios personales, atribuyeron su rescate a una providencia superior que los guió a través de grietas y tempestades imposibles. Reconocer la mano que rescata disuelve toda vanagloria y llena la boca de sincera gratitud.
El Salmo 21 es un himno real de acción de gracias. Si en el capítulo anterior el pueblo oraba antes del combate, aquí se regocija por la victoria concedida: «El rey se alegra en tu poder, oh Jehová; y en tu salvación, ¡cómo se goza!» (Salmo 21:1). El salmista no se atribuye el mérito del triunfo ni exhibe su corona como un logro personal; comprende que cada bendición proviene del Altísimo: «Porque le has salido al encuentro con bendiciones de bien; corona de oro fino has puesto sobre su cabeza» (Salmo 21:3).
Con cuánta facilidad olvidamos al Dador cuando el peligro ha pasado. Es común clamar con fervor en el dolor o la escasez, para luego asumir una actitud indiferente cuando las aguas vuelven a la calma. Nos acostumbramos a recibir bendiciones familiares, salud y sustento diario sin detenernos a tributar alabanza genuina, cayendo en el pecado del agradecimiento tardío o en el silencio ingrato.
Este salmo encuentra su cumplimiento pleno en nuestro Señor Jesucristo. Tras padecer la afrenta del madero y vencer sobre el sepulcro, el Padre lo exaltó hasta lo sumo: «Vida te demandó, y se la diste; largura de días eternamente y para siempre» (Salmo 21:4). El Salvador coronado de gloria intercede hoy en el santuario celestial, y el desenlace profético nos anticipa el momento en que todo su pueblo redimido tributará alabanza eterna ante el trono de Dios, proclamando Su victoria final sobre el pecado.
Elena G. de White nos recuerda el valor de cultivar este espíritu de adoración:
«El corazón que rebosa de agradecimiento y alabanza es una fragancia para Dios. […] Alabemos a Dios más de lo que lo hacemos. No olvidemos los beneficios que nos ha otorgado. Mantengamos fresco en la memoria su amor y su tierno cuidado» (Testimonios para la iglesia, tomo 5, p. 293).
La verdadera adoración transforma el trato hacia quienes nos rodean. Quien vive consciente de haber recibido salvación inmerecida reemplaza la queja por palabras de ánimo, la dureza por paciencia y el descontento por gozo santo en el servicio a los demás.
Que el eco de la alabanza no se apague en tus labios ante las pruebas de hoy. ¿Reconocerás en esta jornada la gracia que te sostiene, alabando de corazón al Dios de tu salvación?

Oración:
Bendito Padre celestial, hoy callo toda queja y te entrego la alabanza sincera de mi alma. Gracias por la victoria que Jesús obtuvo por mí y por las incontables bendiciones que recibo sin merecerlas. Llena mi boca de gratitud y haz de mi vida un testimonio vivo de tu inmenso amor. En el nombre de Jesús, amén.
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DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2026



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